Abre un periódico de nota roja y pasa una a unos sus páginas. Las historias que ahí se leen superan por mucho a la ficción. Asesinatos que ocurren en situaciones increíbles. Alguna vez leí que una joven degolló a su madre por intentar salvarle la vida. Sí, quería sacarle de la tráquea un hueso de pescado.

Algo así sucedió con el boxeador estadounidense George Louis Sosa aka Terrible Sosa quien el sábado pasado estranguló a su padre.

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“Dice que estranguló a su padre y le aplicó presión en el área de la garganta”, declaró la juez Mindy Glazer durante una audiencia celebrada el pasado lunes en Miami.

Después de cometer el delito, George ingresó a casa de su vecina y se tumbó en la cama a mirar la televisión. Así lo encontró la mujer y decidió llamar a la policía.

Pero no es la primera vez que el boxeador de 32 años se ve inmiscuido en este tipo de delitos. En 2008, cuando vivía en Vigo, España, mató a dos personas en un accidente automovilístico. Huyó de la policía y se estableció en Santo Domingo, República Dominicana, donde se afianzó como pugilista profesional. Después emigró a Philadelphia y en 2014 fue extraditado a España para cumplir tres años de condena.

Ahora dormirá en el Detention Center Metro West de Miami y lo hará para toda su vida, ya que fue condenado a cadena perpetua.

La fama del Terrible viene de el récord que ostenta: 16 victorias, 11 empates y solo una derrota. Sin duda, los números lo ponen como un peleador mediano. Ahora tendrá que responder por sus actos en prisión.

Sin duda, los boxeadores están condenados a las vidas tormentosas, si bien algunos las generan como George, otros las arrastran. Lo cierto es que la tragedia los persigue y, como lo habíamos mencionado antes, sufren los mismos problemas que los jugadores de futbol americano, que a largo plazo presentan problemas mentales y de comportamiento, siendo las más populares el Parkinson y los derrames cerebrales.

Sin duda el boxeo y los cerebros de los boxeadores tienen que comenzar a estudiarse para especificar los daños mentales que el deporte de contacto puede causar.