Jugadores sin valor, el enemigo para crear una asociación de futbolistas

“(La liga Mx) es la única donde sucede este tipo de mercado de jugadores, en donde el jugador no tiene acceso para entrar, no tiene voz para decidir si quiere...

“(La liga Mx) es la única donde sucede este tipo de mercado de jugadores, en donde el jugador no tiene acceso para entrar, no tiene voz para decidir si quiere o no ir. Esto tiene que acabar”, fueron las palabras de Rafael Márquez, respecto al draft y la creación de una asociación de futbolistas.

Márquez ha iniciado un nuevo proceso buscando que el futbolista tenga un mejor trato y se deje atrás al famoso “mercado de piernas”, exclusivo de México. Sin embargo, alguien debe decirle a Rafael que el camino no será sencillo y que, incluso, puede terminar por desistir en el camino.

El primero en intentar una revolución en futbol mexicano fue el ex jugador del Necaxa, y ahora comentarista, Carlos Albert. Tras ser puesto en lista de transferencia (temporada 70-71), Albert decidió demandar a los “Rayos”, respaldándose en el artículo 295 de la Ley Federal del Trabajo, que establece que los deportistas no pueden ser mandados a otro club sin su consentimiento.

Tras ganar la primera instancia legar, el defensa ganó los adeptos necesarios para que sus compañeros de profesión se interesaran en el caso, y de ahí nació la Asociación Sindical de Futbolistas Profesionales, que llegó a contar hasta con 300 futbolistas de todo el país. Sin embargo, en ese momento las represalias en contra de los jugadores comenzaron a presentarse por parte de los directivos. Despidos injustificados y represalias fueron las principales armas, hasta que iniciaron las deserciones. Ahí todo se diluyó.

En 1986 la idea de sindicalizarse volvió a la mente de los futbolistas y con el Mundial cerca parecía el escenario ideal, pero al final nada surgió de eso, por la negación de Albert para apoyarlos por seguir en su asunto legal con Necaxa y la falta de convicción de quienes lo habían planteado.

Y así como estos casos, está el intento de Javier Aguirre y Alfredo Tena en 1991; o el de José María Huerta Carrasco finalizado en 2007. ¿Qué tienen en común? Ninguno de ellos tuvo la capacidad de salir adelante.

Sí, los futbolistas se quejan por el trato de su profesión, pero lo cierto es que también ellos no han tenido el carácter suficiente para mantenerse firmes en sus peticiones y deseos.

Se entiende el miedo que los directivos imponen sobre los jugadores, pero si no hay unión no podrán salir adelante. En 1970, los 300 afiliados terminaron por ceder y desapareció la asociación. En 1986 ni siquiera hubo la convicción, ni organización, para formarla; y con Huerta Carrasco sólo dos personas fueron a la asamblea planeada cuando en su momento llegaron a ser 685 miembros en el grupo Futbolistas Agremiados de México.

“Si no estamos todos unidos no vamos a conseguir nada”, mencionó Efraín Velarde, jugador de Toluca, después de que Rafael Márquez hiciera sus declaraciones, pero… ¿por dónde empezar?

El propio Velarde, Albert y Márquez lo tienen claro: la asociación debe estar separada de la Federación Mexicana de Futbol y no como lo hace la Comisión del Jugador, que supuestamente está para ayudar al futbolista pero se mantiene con recursos de la Femexfut. Es decir, está “atada de manos”, pero sobre todo, es vital que los jugadores pierdan ese miedo a que los “congelen”, como dijo el capitán de la Selección Mexicana.

“Lo único que podría decir es que tengan paciencia, que vamos a llegar a algo importante, que podamos pelear todos juntos por una sola causa”, aseguró Márquez. Veremos si todos, incluyéndolo, tienen la paciencia que pide para poder lograrlo.

El reto para este nuevo intento de organización es el mismo que hace casi 50 años: que los jugadores crean en él y no se achiquen ante las amenazas. Como menciona Alberto Lati, si Rafael Márquez termina por conseguir una asociación fuerte será algo histórico, algo más allá y, quizá, más importante que su legado en la canchas, que ya es mucho decir.