Cuando lo conocí me llamó la atención el tamaño de sus tobillos, estaban tan hinchados que parecían a punto de explotar. No soportaba estar con las zapatillas de futbol todo el entrenamiento. Cojeaba, hacía expresiones de dolor. Caminó hacía a mí y me pidió un momento para quitarse el calzado. “Cada vez estoy peor, esto del futbol te da para comer, pero desgasta poco a poco”, me dijo mientras nos preparábamos para la entrevista.

Pocos saben de él, de hecho no estuvo en la presentación de Diego Armando Maradona. Mientras la directiva de los Dorados dispuso de todo un escenario para que El Pelusa hablara ante los medios, él estaba trabajando la parte táctica con los jugadores. Después se hizo a un lado y dejó que el “entrenador” se luciera. Se trata de Mario García Covalles, el hombre detrás del espectáculo en Sinaloa.

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Mario funge como auxiliar técnico de Diego, él no lo pidió, ni lo conocía. El club decidió contratarlo para que orientara a Maradona, pero sobre todo para que llevara la estrategia. 

“A mi me contrataron para auxiliar a Maradona y a su cuerpo técnico, llegaban y desconocían la Liga de Ascenso que tiene sus diferencias”. Esas fueron sus palabras en una de las dos entrevistas que circulan de él en la red.

Tiene toda una vida como entrenador en el Ascenso MX y en la Segunda División. Se trata de un exatlantista que decidió renunciar al Tuxtla FC cuando recibió la llamada de Dorados, ¿cómo decirle que no al Diego?

La gente del medio lo define como “un cerebro del futbol”, la misma gente de Dorados lo reconoce. El gerente de mercadotecnia y comunicación de los sinaloenses, Javier Llausás Corona, habla de la fórmula Mario. “Covalles está todo el día con el primer equipo, después con la Segunda. Mario viene como auxiliar, pero también para atender las fuerzas básicas”.

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Lo conocí en 2016, el Profe llegó a Oaxaca para ser entrenador de los Alebrijes, equipo de la liga de plata. No es mediático, pero venía de disputar la final de la Segunda División con el Tampico Madero. Renunció a ser auxiliar técnico del Atlas en Primera División y firmó con el equipo oaxaqueño. Esa temporada no hubo grandes contrataciones, sí muchos jóvenes, todos disciplinados.

Trabaja a doble sesión, la primera a las siete de la mañana. Después da descanso y a las cuatro de la tarde los quiere de regreso. A ningún jugador le gustan sus formas, pero no dicen nada, quejarse les puede costar un buen regaño.

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“Soy contador público egresado del ITAM, quizá de ahí mi estructura de juego. El balón no tiene dueño, va dividido. Entonces hay que buscar que tenga un dueño y un sentido. Para ello ocupamos referencias defensivas y ofensivas. Para lograr el juego bonito se tiene que cumplir con el orden y una estructura de juego”, así define Mario el futbol.

Es un hombre entregado, estudia a su rival y cuando entiende cómo juegan crea una estrategia a su favor. El miércoles es el día clave, quiere a todos a punto porque es cuando revela cómo jugarán. La sesión de ese día duraba tres horas, cada jugador tenía que entender su rol, repetía la jugada una y otra vez, las veces que fuera necesario. Gritaba, manoteaba y él ponía el ejemplo. Es un coreógrafo, como si fuese un baile, enseñaba paso por paso, hacía los recorridos, todos se tenían que mover al mismo tiempo. Una vez que todos entendían, hacía sonar el silbato e iniciaba el espectáculo, “si alguien se equivoca no nos vamos”. Si por alguna razón había un error, el culpable pagaba con comida china.

“Mis equipos no son sobrados ni soberbios, son para el pueblo, el pueblo es entregado y trabajador, no podemos ser fríos ni calculadores cuando los estamos representando a gente que se esfuerza por el día a día. Representamos a un estado y para ello necesito guerreros”.

Me gustaba llegar temprano a sus entrenamientos, después se sentaba a mi lado y me platicaba cómo funcionaba cada jugador. Una vez me dijo que formara mi equipo, dos días después jugamos un partido: la prensa vs el cuerpo técnico. En la cancha parecía un caballo, sus tobillos sobresalían y su pisada era muy fuerte, gritaba a cualquier error.

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No sabe dar respuestas cortas, las entrevistas con él siempre fueron complicadas. Cada pregunta era una respuesta de mínimo cinco minutos y para la inmediatez de los medios de comunicación esto es una condena.

Ahora camina a lado de Diego Armando Maradona, con silbato y pizarrón en mano. Las cámaras no lo enfocan, los reporteros lo ignoran, la gente no lo conoce, los jugadores prefieren platicar con el D10S.

“Yo soy de repente más exigente en mi trato, pero Maradona te enseña que con apapachos y los buenos tratos surgen efecto”.

Así es Mario, el nacido en Chihuahua que tras bambalinas aportó para que el Atlante fuera campeón en 2007, ahora quiere lo mismo pero con los Dorados de Sinaloa.