—¿En qué Mundial dirigió Maradona a Argentina?

—¿Qué? ¡¡¡Nunca!!!

Los aficionados a los Cañeros, en su mayoría, no vinieron al Coruco Díaz por la presencia del futbolista que maravilló al planeta en el Mundial de 1986. 

“Yo soy de Zacatepec de toda la vida, antes venía con mi papá y espero que algún día el equipo llegue a Primera División, se lo merece, nos lo merecemos”. 

Maradona suma una victoria más ante Zacatepec [Goles]

El pensar de los aficionados que se aglutinan alrededor del estadio para nada tiene que ver con lo que se vivió minutos antes en el hotel de Cuernavaca en el que se hospedaron los Dorados.

Unos 15 aficionados esperan en el lobby, en una mesa hay playeras de Argentina, recortes del Barrilete jugando para el Napoli y una replica de la Copa del Mundo, la que levantó el Diego hace 32 años en el Estadio Azteca. 

“Vengo de Saltillo, estamos aquí desde las ocho de la mañana esperando a que baje Diego. Hace rato lo vimos pero está muy cuidado, los de seguridad no dejan que se pare, igual al rato tenemos suerte”.

La salida del equipo rumbo al estadio estaba pactada a las 14:00 horas. El último en bajar es el técnico de los Dorados. “Si se quedan tranquilos Diego viene y les firma sus playeras, nada más espérenme”. 

Un empleado de seguridad del hotel funge como “cuidador” del histórico 10, pero se corrompe al ver cómo los que esperan desenfundan los plumones para cuando aparezca el astro. Nada debe salir mal en ese momento.

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Maradona en Zacatepec (Imagen: Rodrigo Colmenares).

“Va a salir por la otra puerta”, nos dice con voz baja. Cruzamos el hotel y nos topamos con la Policía Federal que resguarda el autobús que llevará al equipo visitante al Coruco. Diego ya está arriba, la ayuda del guardia corrompido no sirvió de nada. 

Puño cerrado y pulgar arriba, así reacciona Maradona a quienes lo miramos desde abajo. Solo hubo firmas para cuatro argentinos que conocen a Luis Islas, auxiliar del 10. Nepotismo en el fanatismo. 

***

En el estadio el ambiente es tenso, los locales saben que es uno de los partidos más importantes del torneo y hay que ser duros con propios y extraños. No todos los días se recibe a Diego Armando Maradona. 

Hay hostilidad con el rival, como debería de ser en todos los estadios. Los ajenos tienen que sufrir, deportivamente. Las gradas deben presionar y así sucede aquí, en el Coruco. Cuando Maradona aparece, la gente chifla. Son pocas las veces que sucede así, que el descanso permite que la rechifla sea potente.

A pesar del calor, el ambiente no recae, los tambores suenan y la Selva Cañera demuestra la pasión por su equipo hasta que arranca el segundo tiempo y cae el gol de los visitantes. Aparece el pez más gordo y festeja con los suyos, con los abucheos como banda sonora de una película que tiene tintes surrealistas. Maradona dirigiendo en México; Maradona en el Ascenso; Maradona en Zacatepec. La gente rechazando a Maradona.

Termina el partido y desde la banca Diego festeja. Hay que correr a la conferencia de prensa, seguro estará de buenas. “No somos atletas, los atletas corren 100 metros derecho y eso no sirve en el futbol”. Diego está agitado pero eso no le resta lucidez.

Esto es lo que come Maradona en Culiacán

“A los muchachos ya les gustó sumar de a tres puntos y eso es bueno”. Dorados ya está en zona calificación y de 12 puntos posibles Maradona sumó nueve.

Escoltado por muchas personas el técnico se levanta de su silla y con el andar pausado se va dejando flashes a sus espaldas. Se va el Diego y se van los reporteros, parece no importar lo que tenga que decir el técnico local, Ricardo Valiño.

A los reporteros sí les pegó el efecto Maradona, a los seguidores locales no. Ellos vienen al estadio porque es una costumbre heredada. Aunque no compartan pensamientos, es verdad que Diego está cambiando algo en el Ascenso MX y como él lo dijo, no viene a vender humo, viene a vender trabajo y el trabajo se está reflejando.