Alberto Onofre, el mártir del futbol mexicano

Como dijo un buen amigo: “Tenemos todo para triunfar pero estamos enamorados del fracaso”.  No existe mejor frase para describir el ADN de los futbolistas mexicanos. Alberto Onofre es el...

Como dijo un buen amigo: “Tenemos todo para triunfar pero estamos enamorados del fracaso”.  No existe mejor frase para describir el ADN de los futbolistas mexicanos.

Alberto Onofre es el mártir del futbol mexicano. No hay otra tragedia de ese tipo. Un resbalón que sufrieron 52 millones de personas. Una fractura que le dolió a toda una nación.

El 27 de mayo de 1970 la Selección Mexicana realizaba su último entrenamiento de cara al Mundial. Había mucha presión, México sería el anfitrión y debutaría cuatro días después frente a la Unión Soviética. Aquel no sólo era el juego inaugural de la Copa del Mundo de 1970, era el primer partido en el que se utilizarían los cambios, las tarjetas y la televisión a color.

El entrenamiento transcurrió con normalidad, excepto porque había llovido y la cancha estaba húmeda. El pasto mojado se combatía con 6 tachones. Pero a Onofre nunca le sentaron; le sacaban ampollas. Minutos antes de terminar el interescuadras le pidió al “Chico” Larios, el utilero, que le pasara los otros zapatos, los de tacos de hule. Quería terminar el encuentro cómodo.

No sabía que ese capricho acabaría con su carrera.

Volvió a la cancha y unas jugadas después disputó una pelota, se resbaló y chocó con Juan Manuel Alejándrez, defensor del Cruz Azul. El resultado fue una fractura de tibia y peroné para Onofre; a Alejándrez no le pasó nada pero esa jugada terminó con la carrera de los dos futbolistas.

Alberto fue llevado del entrenamiento al hospital. Antes de operarlo le ofrecieron una bata y la rechazó, quería que lo operaran con la playera de la Selección.

El llamado a ser el comandante del representativo mexicano se perdió el Mundial. El 31 de mayo tenía que estar pisando el pasto y conduciendo a los verdes, en lugar de eso vio el partido desde un palco de cemento y una pierna cubierta de yeso.

Onofre fue sustituido por Marcos Rivas, jugador del Atlante. Alejándrez no jugó ningún minuto de aquella Copa del Mundo en la que México quedó eliminado en Cuartos de Final ante Italia con marcador de 1-4.

La operación de Onofre no fue exitosa, nunca volvió a ser el mismo. Intentó regresar a las canchas, después de dos años de rehabilitación. No funcionó. Se retiró en 1974, a los 27. Los directivos, que lo elogiaban y procuraban previo al Mundial, lo olvidaron. No hubo apoyo psicológico y los aficionados dolidos dejaron que el tiempo hiciera su tarea. Todo tiempo pasado no fue mejor.

Alberto no puede explicar por qué se cambió los zapatos. Nunca entendió el vuelco abrupto que dio su vida. La resignación llegó 10 años después. Ahora vive en Guadalajara y se dedica al negocio de los tornos, el mismo que su padre le inculcó y del que de niño escapó.

Debutó con el Guadalajara en 1964. Seis años después se suspendió en el aire, remató de cabeza y anotó el gol con el que Chivas conseguía su octavo título venciendo al Atlante. Todo indicaba que sería la máxima leyenda de nuestro futbol. No lo fue.

La historia de Onofre ha sido contada en muchas ocasiones, incluso Agustín del Moral Tejeda le hizo un libro: Un crack mexicano: Alberto Onofre (Ediciones del Futbolista). Alberto no entiende tantas entrevistas, dice que siempre responde lo mismo y tiene razón, ¿qué mas podría responder?

Un hombre con tanto talento en las piernas solo pudo perderlo de una forma, resbalándose en la lluvia.

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