No hay que ser unos expertos en deporte para asegurar que el tenis es uno de esos deportes menos seguidos en México. De hecho, está por detrás de otros como el automovilismo y los toros. Sin embargo, eso no quiere decir que el país no sea importante en el deporte blanco a nivel internacional.

Si muchos de los que están leyendo este texto creían que el país azteca solo resaltaba en el mundo de la raqueta gracias al Abierto Mexicano de Acapulco, están muy equivocados. Sí, no hay duda de que es el más popular, pero también existe otro certamen que brilla y se juega en Monterrey. Y sí, hay que reconocer su trabajo.

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El Abierto regio no es uno de los más importantes para la WTA, tampoco vamos a mentirnos, pues es categoría International, la que menos puntos otorga. Sin embargo, este marcó un antes y un después para este deporte.

Recordemos que el tenis femenil se asienta con pie firme en México en 2001, teniendo como antecedente el éxito que el Abierto Mexicano de Tenis mostró desde 1993 en su rama varonil, por lo que la primera edición de la WTA en suelo azteca se dio justo cuando toda la organización se trasladó a Acapulco, ya con toda la ‘maquinaria’ probada años atrás. Por el contrario, el Abierto de Monterrey se encargó de ‘seducir’ al máximo organismo de tenis femenil sin que un ‘hermano mayor’ lo respaldara con anterioridad.

Este 2018 se jugará la décima edición de un torneo que, como dijimos, no está cerca de ser uno de los más reconocidos, pero eso no le ha impedido llenarse de las máximas estrellas del deporte blanco. Durante su corta historia, el certamen norteño ya puede presumir haber traído a México las mejores raquetas del mundo, entre las que se encuentran Angelique Kerber (quien participó siendo la número uno), Flavia Pennetta, Marion Bartoli, Na Li y, como la gran invitada de aniversario número 10, Garbiñe Muguruza, una de las mejores tenistas de la actualidad y que ocupa la posición número tres en el ranking mundial.

Otro de los puntos a aplaudir, como lo también es si nos referimos al torneo de Acapulco, es que el Abierto de Monterrey se logró mantener pese a la ola de violencia que atravesó el estado (aún hay, pero en menor medida) en años anteriores. Simplemente, en 2016, la ciudad regia fue considerada la sexta más violenta del país y, aún con esas estadísticas, la organización consiguió mantener a flote, y con una buena imagen, un torneo que pone a México en los ojos del mundo.

Por supuesto, no nos podemos olvidar de la importancia deportiva con el talento nacional, pues este certamen le otorga la oportunidad de mostrarse y tomar experiencia internacional a jugadoras mexicanas, principalmente a través del wildcards, la cual muchas otras veces no es posible obtener fuera del país. Uno nunca sabe, quizá en alguna ocasión den la sorpresa, como lo hizo Renata Zarazúa (que también estará en Monterrey) en Acapulco este 2018, accediendo a la segunda ronda.

Una bolsa de 250 mil dólares será repartida este año en Monterrey, manteniendo viva la llama del tenis en una ciudad abarrotada de futbol, carne asada y cerveza, pero capaz de atraer a las organizaciones deportivas más importantes del mundo, como lo WTA.

Sí, el deporte blanco no es el más popular de México, pero eso no ha evitado hacer las cosas bien en esta rama ‘desconocida’ para los mexicanos y por eso el esfuerzo se debe reconocer.