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Por qué todos odian a LeBron

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Por: Axel Salas

Es de noche, pero la penumbra retrocede por el estridente salto del flash de la cámara. Todos los presentes sonríen, se encuentran en una celebración. El color de piel no es un problema, entre ellos abunda la diversidad. Y en el centro se enciende el fuego del odio, aquel odio que regocija, que se disfruta con cada centímetro del cuerpo y que hoy culmina en la destrucción de un jersey de los Cavaliers de Cleveland. El número 23 se asfixia con el humo, mientras poco a poco las palabras se difuminan en un mar gris, que ahora cubre el apellido de una estrella: James.

Ésta es una de las fotos que se pueden apreciar en la galería de ihatelebronjames.com, un sitio dedicado a trollear a uno de los mejores aleros de la NBA. LeBron es considerado uno de los jugadores más importantes de la actualidad, pero su reputación parece no hacerle justicia pues su número de seguidores es casi proporcional a su cifra de detractores.

¿De dónde viene el odio?

LeBron James es la víctima más trágica del hype deportivo y se ha convertido en la estrella de básquetbol (en activo) más reconocible en los medios actualmente; sus 34.8 millones de seguidores en Twitter, 29.5 millones en Instagram y más de 23 millones en Facebook lo confirman. Quien no sepa ni un poco sobre el mundo del baloncesto, fácilmente lo reconocerá por los cientos de comerciales en los que aparece promocionando artículos diversos; desde audífonos de marcas de lujo hasta tenis con diseños toscos y exagerados. Ha sido invitado estelar en los shows de Jimmy Fallon y David Letterman, tiene una aparición como él mismo en la cinta de 2015 Trainwreck y posee una línea de canastas para niños con su cara estampada en ellas.

Lebron está bajo el constante escrutinio del ojo público, por lo que es comprensible que exista todo un público que no congenie con su imagen y lo que ella representa. Es natural, así funciona el mundo. Sin embargo, el movimiento anti LeBron ha crecido hasta llegar a dimensiones religiosas.

El repudio a The King es más bien una pseudo-filosofía que se ha apoderado de una buena cantidad de fanáticos del básquetbol, al punto de defender toda una cultura alrededor de la aversión a este personaje.

El odio comenzó cuando el magnífico “Golden Child” debutó en su primer juego oficial de la NBA con los Cleveland Cavaliers. Sus habilidades saltaron de inmediato y Nike no perdió la oportunidad de acaparar la repentina euforia del público por esta nueva estrella del balón naranja. La marca poco a poco definió y construyó en él un modelo de jugador exitoso: un semidiós que triunfa en todas las canchas y en cada uno de los bolsillos de los compradores.

La prensa deportiva se puso a sus pies y titulares que lo llamaban el próximo Michael Jordan se volvieron populares entre los medios. Su éxito fue tan sospechosamente repentino que de pronto muchos se preguntaban si en realidad LeBron era un jugador tan bueno. ¿O acaso sólo se trataba de un producto que sabía venderse extraordinariamente bien?

Sus méritos comenzaron a ser cuestionados, su imagen era evidentemente sobrexplotada y su fachada de héroe ya no parecía verosímil. Su actitud pasó de humilde a altanera y los millones que se acumulaban en sus bolsillos empezaron a enfadar a un público que pedía a gritos un ídolo carismático que demostrara su talento en los números y no en campañas publicitarias.

Y luego lo impensable, se dio a sí mismo un apodo: King James. Frente a los micrófonos se autroproclamaba rey, pero en la cancha se paseaba con la bandera opuesta declarando: «Shut them up with your play!». La contradicción se cuenta sola y después de eso ya nadie le creyó nada.

El público hace al ídolo

El teólogo Bob Schindler publicó en 2014 una investigación sobre la construcción de ídolos en el deporte, dando una respuesta a la pregunta de cómo pasamos de amar a un jugador a odiarlo en poco tiempo.

De acuerdo con este estudio, los deportes mueven sentimientos, sus características lo sitúan como un catalizador de emociones y deseos, sobre todo el enojo y la gloria. Esto ocurre porque el ser humano está en constante búsqueda de verdad, de elementos que lo hagan encontrarse a sí mismo y que sean reflejo de su estado interno. Más allá de que se profese una religión o se crea en un dios, las figuras deportivas representan la culminación de una vida de triunfos que la mayoría de los apasionados al deporte desean. Por eso surge la adoración, porque de cierto modo estamos halagando nuestros valores y deseos enclaustrados en una figura que anota canastas y mete goles.

En este tenor, LeBron posee todo para convertirse en este ídolo, pues sus números son mejores que los de muchos otros iconos de baloncesto, pero nada de eso parece influir a los cientos de aficionados que incendian sus playeras afuera de los estadios. Por ejemplo: las estadísticas nos dicen que James es mejor asistente que Jordan, pero Jordan sigue siendo ante los ojos del público la figura más inalcanzable de la historia.

Está confirmado que estelarizará la segunda entrega del clásico filme Space Jam, pero miles de personas en Twitter ya han demostrado su inconformidad con esta decisión e incluso han sugerido otros nombres como el del alero de los Golden State Warriors, Stephen Curry.

¿Por qué el “Chosen One” del básquetbol no puede mantener una hegemonía con respecto a su imagen de ídolo?

El público tiene un serio problema con aceptar el triunfo ajeno, sobre todo el triunfo que se reconoce a sí mismo como tal. A la gente no le importa saber que existen individuos mejores que ellos pero, de acuerdo con el investigador Tim Keller, no pueden lidiar con que se los digan de frente. Por ejemplo, uno puede aceptar que Cristiano Ronaldo es un gran jugador de fútbol, pero no soporta que el portugués aparezca en entrevistas afirmando su talento. Esto se le conoce como arrogancia y es lo que transforma al dios en demonio y lo hace antagonista de todas nuestras pasiones.

LeBron es el malo de la historia porque se sabe bueno y no teme decirlo; porque para él, saberse el mejor no involucra a su ego en lo más mínimo, sino a una realidad que noche tras noche puede y sabe demostrar. Mientras la mentalidad de la gente no cambie, James continuará siendo odiado hasta la que la historia lo redima y lo transforme en una figura inmortal.

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Redacción Los Pleyers

@ceroceromx