#Otros deportes

Orejas, rabo y ¿deporte?, silencio en el ruedo para los toros

Link copiado al portapapeles

Diego Silveti es alcanzado en un par de ocasiones por el toro, en ambas termina con la cara y traje de luces empolvados, pero se levanta para seguir su batalla contra la bestia. No es su mejor tarde en la Plaza de Toros México, pero los pocos asistentes reconocen el valor del guanajuatense al no dudar y enfrentar al astado.

“Eso es arte en valentía, por esas actuaciones sobrevive la cultura taurina”. Nunca escuché algún comentario sobre la tauromaquia como deporte. La “fiesta brava” se mantiene con vida colgando de finos hilos gracias a sus férreos fanáticos y a una base empresarial que desea evitar la prohibición de esta disciplina ante las iniciativas y presiones “antitaurinas”. Por ejemplo, uno de los hombres que más respalda al mundo del toro es Alberto Bailléres, el tercer hombre más rico de México que tiene una fortuna que supera los 11,200 millones de dólares (según Forbes).

La defensa del toreo tiene sus principales argumentos en la tradición arraigada, su impacto como patrimonio cultural o la extinción del toro de lidia. Nadie la defiende desde la perspectiva deportiva.

Es complicado hacer la conexión tauromaquia-deportes: el espíritu deportivo incluye el desarrollo psíquico y moral del individuo que lo practica, al existir una muerte nace la polémica. Sin embargo, la estructura organizacional, la competencia, el procedimiento, entre otras cosas, son características que encajarían en lo deportivo al enfrentar a un animal entre sangre, polvo y muerte.

deporte fiesta brava temporada grande toros

Faenas bajo la ley

Silveti luce algunos golpes, su traje de luces está desgarrado y con la espada en la mano cita a la bestia para que acuda a su llamado. Así, la fiesta brava se mantiene en la pelea dentro de un ruedo en extinción, pero que es reconocido reglamentariamente.

La ley de Cultura Física y Deporte, en su Artículo 5, define al deporte como “la actividad física, organizada y reglamentada, que tiene por finalidad preservar y mejorar la salud física y mental, el desarrollo social, ético e intelectual, con el logro de resultados en competiciones”.

La tauromaquia estaría cumpliendo con cuatro de estos aspectos, independientemente del valor animalista que se le condena. Es una actividad en la que un personaje o “jugador” realiza un esfuerzo físico buscando el mejor resultado en la competencia. El torero cita, reta y se enfrenta al toro buscando agradar a los presentes con su desempeño y ser el ganador de la tarde para llevarse alguno de los trofeos (que son los apéndices del toro: orejas, rabo, patas) y superar a sus contrincantes (alternantes). Esto se realiza en el marco de una actividad reglamentada y organizada, principalmente por las empresas que contratan a los matadores y ganaderos para la realización del evento.

Sin embargo, el problema ético recae en el salvajismo animal que representan estas “festividades”, donde se mutila y da muerte a un ser con el único fin de presentar un espectáculo, lo que pone en duda que se trate de una tarea que preserve la salud mental y el desarrollo social, ético e intelectual del ser humano. Dentro de esta polémica, también encontramos a otras disciplinas como la pesca, la cacería, el rodeo y la charrería, donde el uso y explotación de los animales ponen en tela de juicio el que se promueva un desarrollo intelectual o moral a costa del sufrimiento y muerte de un ser vivo.

A pesar del conflicto ético que esto representa dentro de la definición de deporte y deporte espectáculo, las máximas autoridades en nuestro país consideran a la tauromaquia dentro de las Asociaciones Civiles dedicadas a la promoción y fomento del deporte dentro de las federaciones no olímpicas. La Asociación Mexicana de Tauromaquia AC es reconocida por la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) y la Confederación Deportiva Mexicana AC (Codeme).

La incongruencia dentro de estos organismos cae en el Artículo 3 de la misma ley, el cual indica que “la cultura física y la práctica del deporte son un derecho fundamental para todos”. Al mantenerse la tauromaquia como un deporte reconocido por las autoridades, no se le debe negar el derecho de practicarlo a ninguna persona y, a pesar de ello, las prohibiciones a este tipo de espectáculos van en ascenso en el país con las leyes antitaurinas en los congresos estatales (Sonora, Guerrero y Coahuila). La práctica no está prohibida, pero su exposición como un “deporte espectáculo” sí.

deporte fiesta brava temporada grande toros

Toreros Atletas

Es el último tercio del festejo, Diego luce cansado, pero en ningún momento baja la muleta para mantener la presión sobre el toro que ya humilla. Respira hondo y busca hilvanar un par de muletazos más.

Independientemente del tema moral que conlleva la práctica y desarrollo de la “fiesta brava”, es de reconocer la preparación y condición física que emplean los matadores previo a cada presentación en las plazas de toros. Su fisonomía ha evolucionado dejando de lado el estereotipo larguirucho y delgado, o también pasaditos de peso, para llegar a un modelo que muestra musculatura y preparación atlética para enfrentar al animal. En la actualidad, los matadores de toros pasan varias horas a la semana dentro de gimnasios para aumentar su musculatura, además de correr cientos de kilómetros para mejorar su condición anaeróbica.

deporte fiesta brava temporada grande toros

Medios y arraigo

Se acerca la suerte suprema, el fierro de la espada de muerte congela a los presentes, se terminan los gritos y sólo se puede escuchar a los narradores de radio y televisión haciendo su trabajo. Silveti va por las orejas.

Parte de esta polémica es alimentada por los mismos medios de comunicación, quienes por más de medio siglo han incluido a la tauromaquia dentro de sus contenidos deportivos. El gigante de la televisión en Latinoamérica, Televisa, fue pionero en esta área y se mantiene con su programación taurina a través de Unicable, además que su sitio de Internet incluye a los toros en su sección deportiva. De la misma manera, en su sitio oficial, Azteca Deportes hace menciones de los principales eventos de tauromaquia y corridas alrededor del mundo.

Caso contrario al de los dos “titanes”, las principales cadenas deportivas en televisión de paga, ESPN y Fox Sports, quienes no incluyen a los toros dentro de sus contenidos por su línea editorial proveniente de los Estados Unidos.

En los medios impresos, la tendencia de incluir a la tauromaquia dentro de las secciones deportivas aumenta. Los diarios de circulación nacional hacen eco de los resultados en las principales corridas a lo largo y ancho del país.

El Universal, Reforma, Excélsior y Esto han dedicado páginas completas, infografías y suplementos a la disciplina durante la Temporada Grande de la Plaza de Toros México (septiembre a febrero) y la Feria de Aguascalientes (abril y mayo), dos de los eventos taurinos de mayor importancia durante el año.

Este fenómeno se repite en las entidades al interior de la república. Los estados de Tlaxcala, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, Michoacán, Hidalgo y Veracruz han declarado a los toros como “Patrimonio Cultural” y sus medios enfocan mucha de su cobertura a estos eventos.

Caso peculiar es el de los estados en donde los espectáculos taurinos están prohibidos por los congresos locales como Sonora, Guerrero y Coahuila (que se encuentra en una batalla de amparos), ya que en las secciones deportivas de los diarios locales los contenidos taurinos siguen ocupando buen espacio.

Cuestión de perspectivas

La espada hace el viaje, la piel del toro es penetrada. Su sangre comienza a correr desproporcionadamente. El fierro entró mal y le provoca sangrado por la boca, agoniza por algunos minutos. Silveti baja los brazos.

En un artículo dentro de la revista Citius, Altius, Fortius (Madrid, 1959), el escritor Ángel Alcázar de Velasco habla del origen de la fiesta brava como un deporte de supervivencia: “con el que se empezó a destacar la superioridad y, con ella, la ambición humana. En pocas palabras, con este ejercicio el hombre estrenó su mayoría, así como el orden social al determinar al mejor y al peor, al más y menos diestro, al cabeza del poder”.

Quizá la cacería y la tauromaquia evolucionaron de una actividad de supervivencia hacia una de entretenimiento. Sin embargo, el ser humano se ha quedado estancado en ese aspecto, buscando reafirmar su puesto como la especie dominante del planeta a costa de las demás, del sacrificio de una vida que bien se podría evitar alimentando con ello el espíritu deportivo.

Es muy probable que la fiesta brava no sea un deporte, según sus seguidores es un arte y una tradición cultural, nada más subjetivo que eso. Sólo podemos estar seguros que la razón final de una actividad física o deportiva en la que participe un atleta y que busque su desarrollo moral e intelectual no incluirá dentro de sus reglamentos el entregar partes de un ser vivo como recompensa.

El toro ha muerto descabellado, poco que aplaudir. Olé.

Link copiado al portapapeles

Ángel Mario Martínez

Periodista Deportivo, amante de las MMA, Kokiri por adopción y Friki con aspiraciones de ser maestro Pokemón @angelmariomtz