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Bike Polo: el deporte de la jungla urbana

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En los años noventa, las calles de Seattle estaban llenas de bicicletas y messages boys que recorrían los 3,692 kilómetros de la ciudad más grande de Washington.

Kozmo, una compañía de mensajería, llegó al lugar para monopolizar el negocio. Los trabajadores de aquella empresa vivían cerca de su empleo por una simple razón: debían estar listos para cubrir los pedidos inesperados. En Kozmo tenían mucho tiempo libre y los mensajeros dedicaban su tiempo de ocio jugando partidos de polo con una característica muy particular, en lugar de caballos se montaban en sus bicicletas. Tres contra tres para evitar accidentes.

La indumentaria utilizada para la nueva actividad deportiva consistía en: una bicicleta, una pelota y un bastón o mallet que se fabrica con aluminio o PVC (aunque en sus inicios los jugadores usaban las bandejas del correo).

Matt El Mensajero relata que en 2001, cuando Kozmo se fue a la quiebra, él comenzó a trabajar en una importadora de bambú, lo que le sirvió para aprender sobre el material. Poco a poco creó un mazo para utilizarlo en los partidos y comenzó a fabricarlo y venderlo a la gente que jugaba el Bike Polo, tenía un costo de diez dólares y garantía de por vida. 

Bike Polo en la CDMX

La llegada del Bike Polo a México

“El juego comienza cuando nos colocamos detrás de la línea de meta y la bola la ponemos en el centro. El árbitro grita: ‘¡3, 2,1, Polo!’ y todos los jugadores vamos a buscar la bola”, cuenta Jorge, un jugador amateur de la Ciudad México.

Los partidos duran entre 10 y 12 minutos y gana el equipo que haya realizado el mayor número de anotaciones, o en su defecto, el equipo que anote los primeros 5 puntos. Una vez que inician los poleros no pueden bajar los pies de la bicicleta, si lo hacen quedan fuera de la jugada hasta que toquen el poste de salida de nueva cuenta.

En México la Liga de Bike Polo DF fue creada por Guillermo Romero. Memo conoció el deporte gracias a un amigo que, desde Milán, le platicaba sobre las bicicletas fixed (de piñón fijo). Aquellas charlas le llamaron la atención, así que se informó, tomó el ejemplo de Matt y también empezó a armar sus mallets. Ocho bastones y las fixies de sus amigos fueron suficientes para comenzar a jugar en el Parque México de la Condesa.

“Es curioso, una de las razones por la cuales logramos consolidar la liga fue ese interés que ha surgido por el uso la bicicleta en la Ciudad de México. La gente se acerca a preguntar por nosotros y a pedir informes para unirse al grupo”, comparte Guillermo. La cultura ciclista en la capital es una realidad, desde el 2007 (año que se implementó el programa Muévete en Bici del Gobierno del Distrito Federal), los números de usuarios se han incrementado exponencialmente: existen alrededor de 160 mil estaciones de Ecobici y se realizan 35 mil viajes diarios, según datos de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México. 

De hecho, Diana Mendiola, fundadora de la Liga de Bike Polo Feminas DF, se enteró que existía esta modalidad del polo en un ciclotón de 2011. “Ese día salí del evento y me fui directo a la cancha”, recuerda Diana. Las mujeres tienen muchas ventajas aquí pues participan con las mismas reglas que los hombres, no se sienten discriminadas por sus compañeros y además juegan contra ellos.

Para hacer el logo de la liga de la Ciudad de México, los poleros tomaron elementos del emblema del Sindicato Mexicano de Electricistas, sólo cambiaron las siglas por “LBP DF” y en el puño cerrado colocaron un mallet. Esta insignia se encuentra pintada con aerosol plateado en las bardas de las canchas donde practican y compiten. La Liga de Bike Polo DF cuenta con tres entrenamientos a la semana: los miércoles con sede en el Parque Rabaul de Azcapotzalco; viernes, en el Parque Esparza Oteo Garden en la Nápoles; y domingos, en la puerta 6 del Autódromo Hermanos Rodríguez. 

Como muchas de las actividades deportivas alternativas, el Bike Polo no está exento de las drogas, durante los entrenamientos y las competencias, los jugadores y espectadores fuman mota y toman cerveza, “nunca me ha tocado ver que se pongan agresivos o que haya problemas, pero el que se droguen aquí sí nos da mala imagen y por eso muchos desconfían de nuestro deporte”, confiesa Jorge, quien lleva un año en la liga. Sobre este problema, los organizadores lo ven como algo normal aunque aceptan que es un problema porque “para ninguna autoridad eso está bien”.

A pesar de que la Ciudad de México no es un lugar favorable para el uso de las bicicletas –en 2015 obtuvo 49 de 100 puntos en el Ranking de Ciclociudades, elaborado por el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo–, Guillermo Romero le ve futuro al deporte: “podemos seguir en pequeños grupos, jugando entre amigos en canchas prestadas o llegar a la profesionalización e institucionalización en la que se requiera de un mayor rendimiento físico”.

Para Guillermo, lo que es seguro es que para el Bike Polo no hay vuelta atrás. No importa si llegan jugadores que son carpinteros, cocineros, fotógrafos, diseñadores, padres de familia o si no tiene título profesional; aunque se encuentren cansados, desvelados o crudos seguro regresarán a la cancha por el simple gusto de jugar una cascarita la tarde de un domingo. 

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Adriana Barrón

Periodista. Deportes todo el día, todos los días. Cubro futbol femenil desde 2012. Fan del basquetbol. @adribarronr