Hace más de 100 años, el mundo estaba en guerra. La Gran Guerra o la Primera Guerra Mundial llevó a millones de hombres a los campos de batalla para luchar. Mientras tanto, en casa, las mujeres dieron una paso al frente para hacerse cargo de todas aquellas actividades que los hombres dejaron por tomar los fusiles. Se fueron a trabajar a las fábricas y también decidieron vestirse de corto para jugar al futbol. Tal como lo hicieron las mujeres que conformaron el legendario equipo Dick, Kerr’s Ladies. Mujeres que rompieron con las convenciones, se impusieron a la dificultades y cimentaron el camino para las siguientes generaciones de futbolistas.

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(Imagen: Getty Images)

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Los Orígenes

Mientras Inglaterra estaba en plena guerra con el Kaiser Guillermo II, la moral no estaba en su pico más alto. La producción estaba en niveles bajos y los dueños de las fábricas se preguntaban qué podían hacer para mejorarla. Ante la falta de mano de obra, porque los hombres estaban luchando en las fronteras, decidieron contratar a mujeres para cubrir el déficit. Entre esas compañías estaba Dick, Kerr and Company Ltd., la más importante del sector ferroviario. Originaria de Escocia, se tuvo que trasladar a Preston, Inglaterra, durante la Primera Guerra Mundial para producir armamento y municiones. Las mujeres se pusieron al frente de la producción. Las féminas comenzaron a sentirse importantes en una sociedad de principios del siglo XX que aún las quería confinar exclusivamente al hogar. Curiosamente la guerra les proveyó de una oportunidad que venían luchando entre otras cosas— desde hacía tiempo: incorporarse a la vida laboral.

Mientras ejercían su trabajo, en los descansos para comer, comenzó a popularizarse la práctica de futbol entre las empleadas. Jugaban partidos y tal fue el entusiasmo con el que practicaban el deporte que se empezaron a formar equipos de las compañías. En el caso de Dick, Kerr’s, una figura fundamental fue la de Alfred Frankland, el administrador de la empresa. En la Navidad de 1917, se le ocurrió organizar un partido en beneficio de los soldados heridos que volvían de las trincheras y del frente. Esta idea fue de una de las empleadas encargadas de organizar los partidos entre las trabajadoras, Grace Sibbert. Farkland aceptó y así inició mito de Dick, Kerr’s Ladies FC.

Alfred Frankland rentó el estadio del Preston North End, Deepdale. El Preston North End, en ese entonces, era uno de los mejores equipos de Inglaterra, así que era el escenario ideal. Frankland pagó 20 libras (5,500 euros actuales) por el uso de las instalaciones. Una apuesta para trasladar el futbol femenino del anonimato de la fábrica a los reflectores. Un riesgo con resultados inesperados, que trascendieron las mejores previsiones que cualquiera pudo tener.

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(Imagen: Flickr)

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El primer partido y el éxito nacional

Contra cualquier pronóstico, 10 mil personas asistieron aquel 25 de diciembre al Deepdale para ver al equipo de lDick, Kerr’s Ladies enfrentarse al Arundel Coulthard Foundry. Las mujeres del Dick, Kerr’s Ladies derrotaron 4 a 0 a sus rivales. El periódico Daily Post nos cuenta sobre el partido:

“Sufrieron menos el pánico escénico que su rival y tenían una mejor comprensión del juego. Su labor, de hecho era sorprendentemente buena. Una o dos de las damas demostraron un control admirable de la pelota”.

Además de asombrar con su futbol, lograron recaudar 200 libras, 10 veces la inversión inicial.

Tras el éxito de este primer partido, Alfred Frankland tomó conciencia del potencial del proyecto, pero sobre todo, del potencial de las jugadoras. Sacando el futbol de las fábricas, decidió llevar al Dick, Kerr’s Ladies a los estadios. Se convirtió en su entrenador y el equipo se profenalizó. Tras la jornada laboral en la fábrica, entrenaron a las órdenes de preparadores expertos y se incoporaron nuevas jugadoras talentosas. Algunas provenían de otros deportes, como Alice Woods, que era la campeona británica de los 80 metros planos. También destacaban Florrie Redford por su olfato goleador y Jeannie Harris, quien era sumamente habilidosa y con tremenda capacidad para desparramar rivales con su regate. Un tridente temible.

Frankland organizó tres partidos más en la primavera de 1918. Con la camiseta de rayas blancas y negras, short azul marino y su característico gorro, se ganaron la fama y el respeto en Inglaterra. La gente fue al estadio a ver jugar al Dick, Kerr’s Ladies. Abarrotaron las gradas de Old Trafford (Manchester United), Anfield (Liverpool), Saint James Park (Newcastle United) y Goodison Park (Everton). En este último lograron reunir a más de 53 mil espectadores y 14 mil más que se quedaron afuera.

Se convirtieron en todo un fenómeno en Inglaterra. En muy poco tiempo, las rivales de la isla no eran ya un reto. Estaban listas para un obstáculo mayor.

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Partidos internacionales

Aprovechando la visita de un conjunto amateur galo masculino para disputar partidos en Gran Bretaña, Alfred Frankland invitó a Inglaterra a la Federation Française Sportive Feminine. La propuesta consistía en disputar cuatro partidos amistosos en suelo británico. Desde París aceptaron la invitación. Así dio inicio una rivalidad que iba más allá de lo deportivo.

Era también un reto, una disputa que agitaba el nacionalismo y que contraponía dos estilos marcados. Trabajadoras de una fábrica contra estudiantes universitarias y atletas. La clase media contra la clase trabajadora. Un choque de opuestos.

La foto de las capitanas es uno de los testimonios que nos quedan de este partido, que se disputó en el Deepdale en la primavera de 1920. El estadio contó con una entrada de más de 25 mil espectadores. Sin contar a los centenares que se quedaron sin poder ingresar. El Dick, Kerr’s Ladies demostró que era un equipo cargado de talento y calidad. Se impusieron 2 a 0. Cuando terminó el encuentro, cientos de personas ingresaron a la cancha para felicitar, abrazar y alzar en hombros a las jugadoras. Después se jugaron los tres partidos restantes en diferentes ciudades. El saldo fue favorable para el Dick, Kerr’s Ladies: dos triunfos, un empate y una derrota.

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(Imagen: Getty Images)

A pesar de la dedicación al futbol, las mujeres del Dick, Kerr’s Ladies nunca descuidaron su trabajo. Continuaron trabajando en la fábrica y donando las ganancias de sus partidos a la Asociación Nacional de Soldados y Marinos Licenciados y Discapacitados y a los trabajadores mineros. Pero, entonces, llegaron las dificultades.

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Prohibición de la FA y viaje a América

Sus logros y su esfuerzo no fueron bien vistos por todos. La Football Association (FA) emitió el 5 de diciembre de 1921 un decreto en que prohibía a los clubes afiliados prestar sus estadios para que se disputaran partidos de futbol femenino. Una de las argumentos que esgrimieron fue que, según algunos estudios, el futbol era nocivo para las mujeres. Un pretexto para no permitirles que siguieran practicando del deporte y su práctica siguiera creciendo en la isla.

Ante este escenario, las Dick, Kerr’s Ladies no se rindieron. Encontraron una solución jugando en los campos de rugby. Sin embargo, el estado de la canchas y la reducida capacidad de las gradas causaron que el futbol femenino perdiera el auge que estaba adquiriendo en Inglaterra y en la Gran Bretaña. Además, se sumaba el hecho de que las jugadoras tenían que trabajar, por lo que sus tiempos de entrenamiento se vieron reducidos.

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Así que Alfred Frankland y las jugadores decidieron dar un paso arriesgado. Dejar atrás la isla, cruzar el océano y continuar la aventura en Norteamérica. Pero cuando desembarcaron el Canadá en septiembre de 1922, descubrieron que su gira había sido cancelada. Continuaron su periplo hacia Estados Unidos y descubrieron que el brazo de la FA era más largo de lo que habían sospechado. Y ahí descubrieron que podían jugar futbol, pero que sus rivales no serían mujeres, sino hombres.

Curiosamente, la mayoría de los jugadores eran compatriotas suyos que habían jugado futbol con el Chelsea, el Blackpool y el Preston North End. Jugaron un total de nueve partidos. Perdieron tres de ellos, ganaron otros tres y empataron los tres restantes. Para ellas, no había reto que fuera imposible y dejaron en alto el nombre del Dick, Kerr’s Ladies.

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Desaparición y legado

Regresaron a Inglaterra tras su aventuras por suelo norteamericano. Al poco tiempo la compañía, Dick, Kerr’s and Co. Ltd., cambió de nombre y dueños para convertirse en English Electric. Los nuevos responsables de la empresa no tenían interés en el futbol. Despidieron a Alfred Frankland en 1926 y dejaron de apoyar al equipo.

Pero Alfred Frankland no iba a dejar a sus jugadoras a la deriva. Refundó el equipo bajo el nombre Preston Ladies. Sin embargo, para el público ellas seguían siendo las Dick, Kerr’s Ladies. Muchas de las jugadoras siguieron jugando con el club hasta que la muerte de Farkland, en 1957, significó el declive y la debacle. En 1965 el Preston Ladies desapareció definitivamente.

El pasar de los años fue disipando de la memoria colectiva el recuerdo del Dick, Kerr’s Ladies. Sus hazañas se arrumbaron en un rincón de la historia, en gran medida porque el mundo no estaba listo para ellas. Y tardó mucho en estarlo.

Fue hasta 1971 que el FA permitió que sus afiliados albergaran partidos de futbol femenil. Para ese entonces, se habían ya disputado dos copas del mundo de futbol femenil, aunque no fueron oficiales. Actualmente, como todos sabemos, el futbol femenil se ha propagado por todo el mundo y ha experimentado un notable crecimiento en la importancia para una gran mayoría de las federaciones de futbol del planeta, empezando por la FIFA. Y todo esto ha sido posible porque hace más de 100 años, hubo un grupo intrépido de mujeres que se rehusaron a perder en la cancha  de la equidad.

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(Imagen: Getty Images)