Así se rindió el estadio de la Real Sociedad ante el mexicano Carlos Vela

Después de siete temporadas, el mexicano Carlos Vela se despidió de Anoeta con un triunfo, un gol y lágrimas.

Entre tantos enormes jugadores que salieron por la puerta trasera de sus equipos, desde Raúl en el Madrid o Del Piero en la Juve, hay jugadores que tienen la fortuna de despedirse a lo grande. Sucedió en el regreso de Thierry Henry al Arsenal marcando contra el Leeds a los 35 años, sucedió con las emociones enormes del retiro de Totti y de Gerard en los equipos con los que hicieron historia. Y ahora sucedió en el último partido de Carlos Vela en Anoeta.

Era el minuto 78 y Vela no había aparecido en el campo de juego. Parecía que la despedida del ariete mexicano sería como esta última temporada con los vascos: deslucida. Pero la fortuna del balón quería otra cosa.

El equipo txuri-urdin se impulsaba hacia adelante con embates de Canales, Januzaj y compañía pero no fue hasta el minuto 17 que se adelantó en el marcador con un gol de cabeza de Iñigo Martínez tras un recentro preciso del gran Illarramendi.

Sin embargo, a pesar de los intentos de la Real y del gran apoyo de un Anoeta pletórico, un gran desborde de Ben Yedder emparejaría las cosas justo antes de la pausa del medio tiempo.

Y el tremendo gol despertó los chiflidos del estadio atiborrado.

Después de muchos intentos (incluyendo una oportunidad única para Januzaj pegada al poste derecho), Zubeldia finalmente marcaría después de un desborde impecable de Mikel Oiarzabal. Y el joven jugador vasco de apenas 20 años llevaba menos de un minuto en el campo de juego.

El estadio estalló y los aficionados empezaban a sentir que sería una noche mágica.

Después de marcar el segundo gol, el 5 blanquiazul fue directo a la banca para celebrar con Vela que ya se preparaba para entrar al terreno de juego. Dos minutos después del gol el oriundo de Cancún entró para jugar sus últimos minutos como txuri-urdin.

La afición se pone de pie y la piel reacciona, erizando los pelos detrás de la nuca. Anoeta canta el nombre del mexicano, entregados todos, iluminando el estadio con teléfonos celulares.

El estruendo es enorme. Y el jugador mexicano que llegó a los 17 años a España se encontró jugando su último partido, once años después, ante un estadio que le demostraba entrega absoluta.

Al minuto 90, sin embargo, nadie esperaba que esta despedida sería aún más emotiva. Después de un desborde por la banda de Iñigo Martínez tras un pase de escándalo de Willan José, Vela ingresó al área con su olfato de hiena y dejó el balón en la red.

El estadio no podía gritar más fuerte, la celebración es completa, el equipo se vuelca y hasta algún contrincante sonríe por la intensidad pura del momento. La banca sale a celebrar y el gran capitán, Xabi Prieto, el que porta la esencial Ikurriña en el brazo, alza a Carlos Vela en brazos para celebrar su último gol, el número 72 con el equipo vasco.

Carlos Vela besa tres veces el escudo de la Real Sociedad y, cuando el silbato suena el final del partido, sus compañeros lo alzan al aire. Entre aplausos, sonrisas y llanto se va un jugador que marcó la historia reciente del club vasco.

Con estos emotivos momentos se olvida la última temporada de Vela; una temporada de mala racha, mal rendimiento y pocas actuaciones. Pero marcó el gol que debía marcar, el último gol, aquél por el que la fiel afición de Anoeta lo recordará, siempre, como un mexicano que triunfó por no querer más ambiciones.

Como Griezmann, Vela pudo partir al Atlético de Madrid; como muchos otros pudo soñar por tener una carrera con otro equipo; mayor prestigio, más títulos. Pero el de Cancún escogió la fidelidad frente al riesgo de la fama. Y esta despedida es su enorme recompensa por hacerlo.

“Eskerrik asko” dicen los vascos a Carlos Vela en una pancarta… y eso se traduce, simplemente, como “gracias”.

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