¡El partido de vuelta llegó! Después de tres días de espera, la gran final se decidía en el Nemesio Diez y solo 90 minutos separaban al campeón del trofeo. Los Laguneros pisaron el césped con ventaja de 2-1, pero Toluca sabe jugar finales perfectamente en su estadio. Las cartas estaban echadas.

Los Diablos salieron a presionar, tal y como sucedió en el TSM en el encuentro de ida, pero su insistencia no generó crédito, de nueva cuenta y fue Santos el equipo que aprovechó las circunstancias. Apenas corría el minuto 10 cuando apareció, probablemente, el mejor futbolista de la Liguilla y la final: Julio César Furch. El argentino tomó el balón fuera del área y sorprendió con un disparo raso. Talavera se estiró, pero no estuvo ni cerca de llegar al esférico.

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Un 3-1 global a favor de los Guerreros era una losa muy pesada para un Toluca que pudo recibir el 2-0 con un cabezazo de Izquierdoz que acabó en el poste. Los Choriceros no tuvo de otra más que irse al frente y buscar la anotación que les diera vida. Los mexiquenses presionaron, presionaron y presionaron, pero se encontraron a un Jonathan Orozco decisivo, con dos atajadas excepcionales. El saldo para los Diablos fueron 11 tiros de esquina, pero ni un solo gol. Le quedaban 45 minutos de vida. Un mundo para algunos, un suspiro para otros.

A 12 minutos de iniciada la parte complementaria Toluca volvió a tener el tanto que les daba oxígeno en los pies de Alexis Canelo. El argentino se plantó frente a Orozco, pero un mal golpeo permitió que Orozco nuevamente se luciera, aunque fue más falla del delantero que virtud del arquero.

La insistencia de los Diablos encontró frutos hasta el minuto 81 en el nombre de un jugador que muchos seguro no esperaban: Gabriel Hauche. El argentino puso en la final a su equipo después de un balón centrado por Sambueza y peinado por Canelo, acciones que dejaron a modo el esférico para Gabriel, quien no perdono.

Nueve minutos, más cinco de compensación, tuvo de vida el Toluca, pero terminaron por ser insuficientes. Los Diablos le pusieron corazón a esos segundos finales, pero no pudo levantar la serie que se le puso cuesta arriba desde el primer partido.

El último pitazo marcó el adiós del torneo, la final para Santos ¡y la sexta estrella en su escudo!

¡Felicidades, Santos!