Sabemos que el futbol es un deporte capaz de provocar todo tipo de emociones y pasiones en sus aficionados. Incluso, se ha llegado a afirmar que el futbol puede desatar una guerra. En el libro “La Guerra del Fútbol y otros reportajes”, del periodista polaco Ryszard Kapuscinski, se muestra al futbol como impulsor de las expresiones arrebatadas del nacionalismo hondureño y salvadoreño de principios de la década de 70. O el partido entre el Dinamo de Zagreb y el Estrella Roja  de Belgrado de 1990, al que se le considera como el inicio oficial de la Guerra de Yugoslavia. Sin embargo, hay casos en los que el futbol pudo detener la guerra… aunque fuera solo un instante, como lo hicieron Pelé y Didier Drogba.

Dinamo de Zagreb vs Estrella Roja de Belgrado: El partido que inició una guerra

El primer caso que tenemos se remonta hasta 1969 y el principal protagonista no es otro que O Rei, Pelé. Por esos años, la popularidad mundial de Edson Arantes Do Nascimento, o simplemente Pelé, estaba en lo más alto. Había participado en tres Mundiales con la selección brasileña y era el jugador insignia del Santos de Brasil, un equipo de leyenda, ganador a nivel nacional e internacional.

Tal era la fama de Pelé y del Santos que buscaron explotar al máximo la celebridad de  O Rei, por lo que comenzaron a jugar partidos de exhibición por todo el mundo, contra los mejores equipos. En 1969, el Santos había organizado un gira por África, que incluía una escala en Nigeria, que para esos años, estaba inmersa en una violenta guerra, conocida como la Guerra de Biafra o simplemente Guerra Civil de Nigeria.

Este conflicto armada se dio cuando un grupo de nigerianos, conocidos como igbo, quiso separarse de Nigeria para formar su propia nación, la República de Biafra. Los igbo se sentían maltratados por el gobierno y sentían que no podían coexistir con los nigeriano del norte del país. Al no haber manera de que se diera una negociación pacífica, los representantes de ambos bandos tomaron las armas para zanjar sus diferencias, causando miles de muertes, desplazados e incontables testigos de los horrores de la guerra.

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(Imagen: Getty)

En 1969, la Guerra de Biafra estaba estaba en su apogeo. A pesar de ello, y por razones financieras, el Santos decidió no cancelar el compromiso e ir a Nigeria a disputar el partido que estaba pactado contra el equipo nacional de Nigeria. Los nigerianos estaban entusiasmados: ¡Pelé iba a jugar en Nigeria! Apenas tocó tierra el avión que transportaba al Santos -el 29 de enero-, ambos bandos decidieron detener las hostilidades por 48 horas para ver jugar a O Rei.

El día del partido, que se disputó en Lagos, una de las ciudades más importantes de Nigeria, el estadio estaba repleto de personas que hacía un días eran enemigos mortales. Incluso llevaron sillas extras para poder disfrutar del partido entre la selección nacional de Nigeria y el Santos. Y no salieron decepcionados con el empate a 2, siendo Pelé el autor de los dos tantos de su equipo. Los nigerianos, incluyendo a los igbo, se levantaron de sus asientos para ovacionar a O Rei.

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Terminada la estancia de Pelé y el Santos en Nigeria, ambos bandos reanudaron las hostilidades. La Guerra Civil de Nigeria terminó en 1970, con la desaparición de Biafra, mientras Pelé ganaba su tercera Copa del Mundo en México. Pero antes de llegar al acuerdo de paz, Pelé solo necesito de un balón para detener temporalmente la matanza.

El otro caso fue cuando en 2005, Didier Drogba pidió la paz en Costa de Marfil tras haber obtenido el boleto para el Mundial de Alemania 2006.

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Los jugadores marfileños habían hecho historia al conseguir la primera presencia mundialista para Costa de Marfil, tras derrotar 3 a 1 de visita a Sudán. A pesar de las imágenes de júbilo en el vestidor, los jugadores tenían otra cosa en mente: la guerra civil que azotaba su país.

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Desde 2002, Costa de Marfil estaba envuelto en una sangrienta disputa militar que se derivó al tratar de definir que significaba ser marfileño.Esto provocó que a la gente se le negara la nacionalidad oficial si no podían ofrecer papeles que sustentaran que sus dos padres eran de origen marfileño. En 2005, esto había costado la vida de 4 mil personas, con más de un millón de refugiados.

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Durante los festejos de la selección de  Costa de Marfil, Didier Drogba tomó un micrófono para lanzar un mensaje de paz.

“Ciudadanos de Costa de Marfil, del norte, sur, este y oeste, les pedimos de rodillas que se perdonen los unos a los otros. Perdónense. Un país en África con tantas riquezas no puede caer en guerra. Por favor, dejen sus armas y organicen elecciones libres”, pidió el entonces delantero del Chelsea.

El mensaje de Drogba atravesó todas las barreras, como si fuera uno de sus potentes disparos de gol. Los marfileños, pendientes de la transmisión y en medio del éxtasis que produjo la clasificación, entendieron sus palabras. No valía la pena la guerra. A la semana siguiente convocaron elecciones populares.

Si bien la paz duró apenas 5 años (la guerra estalló de nuevo en 2010), Drogba se valió del futbol para detener las balas y el derramamiento de sangre, como lo hiciera Pelé décadas antes.

Claro, el futbol no trae la paz por si mismo, ni tampoco puede ser la causa principal que desate una guerra. Sin embargo, las pasiones que inspira puede sacar lo mejor y lo peor de las personas. Después de todo,¿por qué el futbol no puede ser utilizado para serun catalizador de la paz, aunque sea efímera