La oreja que se cortó en los juzgados

Un hecho histórico, una oreja que debió otorgar el juez de plaza se otorga en los juzgados

El reloj de la Plaza de Toros México marcaba las 6 de la tarde cuando Julián López, mejor conocido como “El Juli” daba la estocada final al toro de lidia “El Malagueño”. Casi de inmediato el matador volteo hacía las gradas y la gente comenzó a llenar de aplausos la plaza, alrededor de 30 mil espectadores de manera unánime ondearon los pañuelos blancos con un objetivo: solicitar al juez de la plaza la concesión de apéndice para “El Juli”.

A pesar del gesto de la afición, el juez de plaza, Gilberto Ruíz Torres se negó la petición, lo que género el desapruebo de los asistentes. Los hechos ocurrieron el pasado 24 de enero de 2016 en la corrida número 14 de la Temporada Grande de la Plaza de Toros México. Ahí no terminó la corrida de ese día y es que una aficionada de nombre Marycarmen Medina Carrillo, decidió interponer una demanda en contra del juez de plaza, debido a que se violó el artículo 72, fracción I, del Reglamento Taurino del Distrito Federal, en donde se rescata que por lo menos la concesión de la primera oreja atañe al público espectador y no propiamente al juez de plaza.

Ante esta falta la aficionada antes mencionada presentó una demanda de nulidad en contra de C. Gilberto Ruíz Torres, quien no concedió una oreja al “Juli” a pesar de la petición del público. Dicha demanda se presentó el 2 de febrero de 2016 y después de múltiples inconvenientes la resolución se dio el 15 de diciembre de 2016.

A principios del presente año y durante la transmisión de la corrida del 5 de febrero, los comentaristas de Unicable, Heriberto Murrieta y Valeriano Salceda vertieron una serie de comentarios por la resolución a favor del aficionado. Argumentando que la situación les parecía un chiste. Ante esto el abogado de nombre Omar Pérez García solicitó se aclare el caso y con base en su derecho de replica escribe la siguiente carta:

Señor Valeriano Salceda:

En ejercicio de mi derecho de réplica, me refiero a sus comentarios del pasado cinco de febrero de dos mil diecisiete, durante la transmisión televisiva de la corrida de aniversario de la Plaza México.

En ella, el señor Heriberto Murrieta hizo mención a una “situación muy especial en la historia de la plaza”, consistente en que el suscrito interpuso una demanda en contra del Juez Gilberto Ruiz Torres por no haberle concedido una oreja al “Juli” durante la corrida del veinticuatro de enero de dos mil dieciséis, destacando lo “insólito” que resultaba el que hubiese prosperado la misma para que se le contabilizara a dicho matador una oreja más en esa tarde.

En relación con lo anterior, Usted sustancialmente expresó que:

  • Esto era un chiste, porque una persona como el firmante no tiene idea de lo que es la “fiesta” y sólo porque el torero en turno fue de mi gusto, pretendo se le otorguen las orejas.
  • Existe una tradición taurina y un reglamento, y hay que respetarlos; de ahí que si no se le otorgó la oreja, aunque la mereciera, no se le dio y punto.
  • Están mal por igual quien no sabe lo que está pidiendo y el que concede lo que no debe conceder, porque una cosa es que se diga que indebidamente se negó la oreja y otra que se la anoten sin haberla paseado por el ruedo.

Debo iniciar destacando que le asiste parcialmente la razón sólo en cuanto a que no soy una persona rica en tradición taurina, sin embargo me permito sostener, en mi defensa y desterrando la falsa modestia, que gozo de capacidad suficiente para “tener idea” de lo que es la “fiesta brava”.

Por otra parte, he de informarle que sus comentarios agravian en realidad a la persona de la señora Marycarmen Medina Carrillo, autora de la idea de impugnación y quien suscribió la demanda del caso, y quizá también a los cerca de treinta mil asistentes que en su momento solicitaron el apéndice de marras y fueron ignorados abiertamente por el Juez demandado; siendo yo únicamente el abogado que se ocupó en darle forma y trámite legal al reclamo.

No obstante lo anterior, aunque la diatriba me resulta ajena, procedo enseguida a defenderla como propia y para tales fines me permito hacer de su conocimiento algunos de los aspectos más interesantes que pudimos conocer durante la redacción del escrito inicial de demanda y la tramitación del juicio respectivo:

  • El derecho a la cultura goza de la categoría de derecho fundamental y así se reconoce en el penúltimo párrafo del artículo 4° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
  • En términos de la “Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial”, ratificada por México el catorce de diciembre de dos mil cinco, debe reconocerse a las corridas de toros como una verdadera manifestación de cultura nacional y de afición popular, en tanto contribuyen a la identificación de sólo algunos países del mundo frente a los demás, entre ellos México.
  • En relación con esta idea de reconocimiento pleno de la tradición taurina como una forma auténtica de expresión cultural de un pueblo, es menester atender al fallo del Pleno del Tribunal Constitucional Español que declaró inconstitucional y nulo el artículo 1° de la Ley 28/2010 que prohíbe la celebración de corridas de toros y otros espectáculos taurinos en Cataluña; como también el emitido por la Sala Plena de la Corte Constitucional de Colombia, en la sentencia C-1192 de 2005, en el que declaró la exequibilidad de las expresiones “Los espectáculos taurinos son considerados como una expresión artística del ser humano”.
  • Entendida entonces la expresión taurina como manifestación cultural y de afición popular en nuestro país y en la Ciudad de México, cobra pleno sentido una intervención del Estado en la materia con fines de preservación y por ello la publicación en la Primera Sección del Diario Oficial de la Federación del miércoles veintiuno de mayo de mil novecientos noventa y siete, del “Reglamento Taurino para el Distrito Federal” expedido por el entonces Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Ernesto Zedillo Ponce de León.
  • La regulación específica del espectáculo taurino se tutela en forma directa por el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, titular de todas las facultades previstas en el Reglamento Taurino y quien las ejerce a través de la figura de delegación de facultades a los Jueces de Plaza que él nombra.
  • El “Reglamento Taurino para el Distrito Federal” tutela la celebración del espectáculo taurino sobre dos principios fundamentales, la preservación y fomento de la tradición cultural taurina, y la protección de los derechos del público asistente y demás actores que intervienen en el espectáculo.
  • Dentro de los muchos derechos que asisten al público, existe el consagrado en el artículo 72, fracción I, que otorga a su favor la facultad de solicitar al Juez de Plaza el otorgamiento de la PRIMER oreja, mediante el ondeo de un pañuelo o cualquier otro objeto visible; y el correlativo DEBER de concederla, siempre que tal solicitud provenga de una “visible mayoría de espectadores” (para su tranquilidad Señor Salceda, la concesión de los demás apéndices reside exclusivamente en la potestad y apreciación del Juez de Plaza en turno; de ahí que en la demanda sólo se haya solicitado una).
  • El artículo 116, fracción V, de la Constitución Federal, dispone que las “leyes de los Estados deberán instituir Tribunales de Justicia Administrativa, dotados de plena autonomía para dictar sus fallos”; y con base en él fue instaurado el Tribunal de lo Contencioso Administrativo del otrora Distrito Federal.
  • El artículo 122 del “Reglamento Taurino para el Distrito Federal” señala que los afectados por resoluciones de las autoridades taurinas podrán promover juicio de nulidad ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo del Distrito Federal.

Como podrá ver de todo lo antes reseñado, lo que Usted calificó como “chiste” constituye un planteamiento serio y bien sustentado, y aunque nuestro conocimiento de la “fiesta” pudiera resulta insulso frente al suyo; en franca coincidencia con su propio dicho, a través de la demanda del caso únicamente se exigió el cumplimiento del reglamento ante un Tribunal instituido por mandato constitucional, integrado por profesionales del Derecho que de ninguna manera “concede lo que no debe conceder”.

Así entonces, irónico resulta que los argumentos que Usted prejuiciosamente calificó como “chiste”, son los mismos que servirían de defensa en una eventual disputa legal con quienes pretende la prohibición de las corridas de toros en nuestro país.

Concluyo confesando que soy el único responsable de la profanación de la “tradición” por haber solicitado en la demanda la entrega de una oreja “sin haberla paseado por el ruedo”, lo que sin duda evidencia mi ignorancia taurina; empero, su desconocimiento sobre aspectos elementales del reglamento como lo es la entrega de los apéndices, denota que la suya es supina.

La resolución final ante los tribunales favorece al aficionado y aunque el “Juli” no recibió una oreja en la plaza, ahora y gracias a uno de sus seguidores el matador gozará de un trofeo más en su palmarés. Aún se desconoce cuando y donde se hará la entrega de la oreja, pero sin duda este acto pone un precedente dentro de la fiesta taurina en nuestro país.

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