No hay nada igual: la máscara es la conquista más preciada en la lucha libre

La máscara es un símbolo en la lucha libre mexicana. Ganar una o perder la propia es una de las apuestas más grandes que hace un luchador cuando se sube al ring. Es por eso el trofeo más preciado que puede haber.

Apostar es una cuestión de honor. Cuando uno toma la decisión de poner en juego algo, agotará los recursos posibles para ganar, porque sabe que puede hacerlo y en el deporte no puede haber mejor ejemplo de ello que la lucha libre, lugar donde los gladiadores ponen en peligro cinturón, máscara, cabellera y hasta carrera, pero… ¿cuál de todos los trofeo es el más importante?

Por la importancia del nombre, parece que apostar una carrera es el más arriesgado. Caer derrotado en una batalla de ese tipo puede significar no volver a un ring para un luchador.

Sin embargo, y considerando lo anterior, salir de circulación no es tan grave, pues con normalidad quienes realizan este tipo de apuestas (y pierden), son personajes con mucha historia, que dejaron capítulos memorables en sus carreras y que una última pelea no podrá opacar tan fácilmente lo hecho en sus mejores años.

La situación cambia si nos referimos a los cinturones y es precisamente con este galardón donde entra una de las principales controversias. Y es que parece que en los últimos años la importancia de un cetro ha perdido valor, pues muchos de ellos cambian de manos en cuestión de días o semanas, haciendo que su importancia se convierta en algo subjetivo.

Además, se debe considerar el hecho que todas las empresas tienen sus respectivos fajines y una cantidad importante de ellos, lo cual les termina por disminuir su valor, pues son tantos que en ocasiones ni siquiera todos los poseedores del campeonato son reconocidos. Por ejemplo, el Consejo Mundial de Lucha Libre tiene 20 cinturones en “circulación” aproximadamente, y aquí cabe preguntarse, ¿conocemos todos y cada uno de los luchadores que los ostentan? La verdad, no creo.

En la lucha libre mexicana uno de los eventos que más llaman la atención es cuando se apuesta una máscara y una cabellera, quizá los dos verdaderos grandes trofeos de un peleador… al menos en México.

Y es que perder la tapa no es poca cosa para un luchador. Es perder el enigma que lo rodeaba, es mostrar quien es en realidad y desmitificar su figura. Perder la máscara es quitar parte de la cultura mexicana y volverse un mortal más. Mientras para el ganador es confirmar la superioridad contra uno de sus más grandes rivales y tener en casa el mejor trofeo que puede haber: su máscara.

“Perder la máscara es como la rueda de la fortuna: algunos al perderla se quedan en el olvido y a otros como yo, nos beneficia, pero, sólo al quitarnos la tapa sabemos como lo tomará la afición”, llegó a decir Cibernético, dándole el valor que tiene sobre el luchador su propia máscara.

Respecto a la cabellera, la situación no deja de ser menor si se pierde. Ser rapado en medio del ring, frente a miles de personas, y ver cómo cae uno de sus grandes representativos no es un aspecto fácil. Eso sí, la verdad es que no hay mayor problema si consideramos que al final de unos meses, el cabello volverá a crecer. Aspecto que con la máscara no pasa igual, pues esas se pierden y no hay vuelta atrás, no por nada son el mayor anhelo de los luchadores.

No se trata de menospreciar a los cinturones de campeonato, por supuesto tienen su valor e importancia de sus respectivas empresas. Sin embargo, la máscara (al menos en México) es un tema aparte. Es una cuestión de honor, donde una gran rivalidad solo puede terminar con un luchador avergonzando al otro. Haciéndole ver que le ganó lo más preciado que puede tener y que ante los ojos del público es el mejor.

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