Evel Knievel, el suicida que se inventó un deporte

Su locura la convirtió en negocio. A 10 años de fallecido, Evel Knievel sigue siendo un ícono de la cultura pop de EEUU.

En el Cañón Snake River, en Idaho, existe una placa en medio de la nada que recuerda una pifia convertida en hazaña. “Robert ‘Evel’ Knievel, explorados, motociclista y temerario. Saltó una milla de distancia sobre el Cañón Snake River desde este punto el 8 de septiembre de 1974 usando el único ‘Sky Cycle”, profesa la piedra grabada.

Para muchos el nombre de Evel Knievel puede sonar extraño, pero fue un deportista pionero que creó un movimiento y retó a la muerte.

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EL INICIO DE LA LEYENDA

“Tu eres el Muhammad Ali blanco”, fue lo que le dijo el multicampeón pesado a Knievel cuando lo conoció. “Entonces, tu eres el Evel Knievel negro”, le respondió.

¿Cómo un hombre caucásico se tuteaba de esta forma con Ali, que hasta lo citó previo a su pelea con George Foreman indicando que sería un espectáculo más grande que los show de Evel Knievel?

La historia de Robert Craig Knievel comenzó por casualidad como la de todos los personajes que rompen esquemas y se convierten en genios locos.

Nacido en Butte, Montana, y criado por sus abuelos, Robert conoció a los temerarios pilotos cuando a sus ocho años asistió al Joie Chitwood Auto Daredevil Show, desde ese momento supo que su vida consistiría en insultar a la muerte y esperar a escapar de la huesuda.

Pasaron los años, Knievel demostró mucho talento en el atletismo y en el hockey sobre hielo, sin embargo esa adrenalina no era suficiente y en su mente no podía salir de la mente el hacer acrobacias temerarias, solo le faltaba un pequeño empuje.  

Ya con una buena carrera como vendedor de seguros, un día Robert Craig comenzó a vender motocicletas, su nueva herramienta de trabajo. Aprovechando esto, vio la oportunidad de poner a prueba esa escena que había repasado tantas veces en su cabeza, un salto desafiante.

Con la necedad que solo los dementes pueden tener, Knievel consiguió dos pumas enjaulados y una caja de serpientes de cascabel, un obstáculo tan loco para brincar como el mismo. Con su amigo como secuaz disfrazado de científico, juntó a todos sus conocidos para verlo volar por los aires.

Y si, Knievel se despegó del piso y pasó por encima de los pumas (que estaban muy asustados), pero el obstáculo de las víboras no lo pudo sortear completo. Impactó la caja con su moto y las serpientes salieron volando espantando al público que huyó. Eso no le importó, se puso de pie y levantó los puños en señal de victoria. Su leyenda había nacido.  

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HAZAÑAS DE UN HOMBRE SIN MIEDO

“Otro tipo de profesionalismo deportivo en el deporte motor, bien acogido por el público, al margen de los campeonatos oficiales, son las exhibiciones motociclistas, como las que realizaba el belga Thierry Halland atravesando túneles de fuego, o las del norteamericano Kenny Ward con su moto voladora dotada con un ala delta. En automóviles producía escalofríos las exhibiciones de salto sobre autocares, como los realizados por el francés Alain Prieur o el norteamericano Evel Knievel”, describía este deporte espectáculo Antonio Alcoba en el libro Enciclopedia del deporte.

Es cierto que otros hombres quizá intentaron hacer un movimiento de acrobacias temerarias antes (y hasta después) que Knievel, pero nadie tuvo todos los elementos de locura como él para lograrlo.

Hambriento de fama, Robert Craig adoptó el sobrenombre que un policía le puso en la cárcel, “Evil” (malvado) Knievel, que pronto mutó a Evel por la similitud de la palabra con su apellido.  

Si quería que su nombre estuviera en los titulares tenía que hacer algo histórico. Tras varias pruebas que lo hicieron famoso a un nivel regional quiso probar suerte haciendo algo que un barman le había recomendado: “¿Por qué no saltas de una rampa a otra?”, la respuesta: ¿Por qué no hacerlo en la fuente del Cesars Palace de Las Vegas?  

“Todos pueden saltar con una motocicleta. El problema surge cuando tratas de aterrizar”. Evel Knievel.

Si tenía la moto y las rampas Evel lo intentaría, pero no era tan sencillo burocráticamente.

Sin un nombre en la industria ni los permisos, Knievel montó un acto para lograrlo, habló con el encargado del casino haciéndose pasar por reportero de Sports Illustrated y la ABC, además pidió a dos amigos hacerse pasar por abogados de una empresa ficticia llamada Evel Knievel Enterpises para presionar.

Logró los permisos, quiso vender su producto a la misma ABC, quienes no se arriesgaron previo al salto y le comentaron que comprarían su video para transmitirlo si este resultaba ser un éxito.

Al final, su “hazaña” salió al aire en el programa World Wide Sports de la compañía, claro, tras el aplanamiento de su pelvis y fémur, además de fracturas en la cadera, tobillos, muñeca y estar en coma por 29 días.

¿Este accidente detuvo a este maníaco? Para nada, al contrario, ahora tenía los recursos para sus más locos sueños.

Los patrocinadores le permitieron financiar un cohete de más de 150 mil dólares para sortear el cañón Snake River de Idaho. El motociclista ahora sería un “hombre bala”.

Esta escena bien podría describir la vida de Knievel. Con toda la parafernalia que siempre lo acompañaba, se vendió el espectáculo suicida al público más fino: drogadictos del área, campesinos y adolescentes teniendo sexo en los matorrales, todo esto bajo el lente de las cámaras que transmitían la heroica proeza.

“Tomo dos o tres shots de whisky Wild Turkey antes de saltar. Antes del brinco en el Snake River Canyon tomé seis de ellos”, Evel Knievel.

Todo el ruido que provocó la combustión de su cohete, terminó intempestivamente a pocos metros de despegar del suelo cuando el paracaídas que portaba el artefacto se abrió. Al final, el armatoste terminó a mitad del río, tuvo que ser remolcado con un helicóptero para que Knievel recibiera asistencia médica.

Todo la expectación se convirtió en abucheos e insultos, que para el lenguaje que manejaba el “Daredevil” eran aplausos y vitoreos.   

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LA VIDA NO PERDONA

El deporte vivía tan dentro de la esencia de Knievel que el principio de su fin lo hizo con un bate de beisbol. Cuando todo era alegría, lujos y excesos apareció un libro biográfico que hablaba de los pasajes más oscuros de su vida. Aunque en palabras de muchos de sus cercanos el libro no decía mentiras, Evel iracundo fue junto a dos “guarros” a golpear a su autor, Sheldon Saltman, a quien le quebró ambos brazos con un tolete para que no volviera a escribir.

Demandas, pérdidas de patrocinios, embargos y mala fama vinieron después. El nombre de Evel Knievel pasó a ser parte de los tabloides sensacionalistas y no en las portadas de los periódicos con sus hazañas.

Lo que no hicieron los golpes y fracturas (además de que posee el Récord Guinness con 35), lo logró la diabetes y fibrosis pulmonar en 2007. El “Daredevil” por naturaleza había abandonado su figura terrenal para dar un último salto al más allá.

“El mejor cumplido que le puedes dar a un hombre es que su palabra era tan buena como el oro. Es lo único que quiero que hablen de mí”. Evel Knievel.

Su leyenda continuó y motivó la creación de  “obras maestras” como lo fue el show de MTV Jackass a principios de los 2000 (el mismo Johnny Knoxville lo reconoció), además inspiró a que su hijo Robbie Knievel logrará saltar la fuente del Cesar Palace en honor a su padre y brincar con éxito el Gran Cañón, sin embargo nunca logró el reconocimiento que tuvo su progenitor.

“Se puede cantar más alto y mejor que Elvis, pero Elvis solo hay uno”, reconocería Robbie años después.

Hoy su motocicleta se exhibe en el museo Smithsoniano de los Estados Unidos y su icónico traje vive en la mente de muchos que no recuerdan su rostro. Evel Knievel fue el deportista nato por excelencia, ese que se atreve y rompe esquemas, de ser futbolista sería más grande que Maradona y como boxeador contendiente de Ali.