En Honduras el futbol es un reflejo de los temas sociales: Junior Lacayo

“Cuando venía para México me dijeron que me cuidara, porque en México la gente es racista, que son malas personas. Pero también que pusiera el nombre de Honduras en alto”....

“Cuando venía para México me dijeron que me cuidara, porque en México la gente es racista, que son malas personas. Pero también que pusiera el nombre de Honduras en alto”. Esas fueron las recomendaciones que le dieron su amigos y familiares a Junior Lacayo, un futbolista hondureño que fue fichado por Santos Laguna en 2013, cuando apenas tenía 17 años y era de las más grandes revelaciones del Victoria, club en donde debutó profesionalmente.

Para Lacayo estar en México se trata de un reto que no puede desaprovechar, con la sub-20 de Santos lo hizo muy bien y en la Liga Premier sobresalió por lo que fue contratado a préstamo por el Vicctoria de Honduras para evitar el descenso. Ahí Junior viviría un verdadero infierno, a partir del segundo mes no recibió su pago de nómina y este se prolongaría por tres meses más, aunado a esto el club descendió y el joven futbolista se quedó sin equipo.

Finalmente logró regresar para incorporarse a las filas de Tampico Madero de la Liga de Ascenso, en donde volvió a probar las mieles de lo que ofrece el futbol mexicano.

¿Es mucha la diferencia entre los salarios de equipos de México y Honduras?

“Totalmente que ver, por ejemplo el equipo donde yo estaba era como el Puebla. En el Victoria me quedaron a deber cuatro meses y cuando regresé a México, la verdad la diferencia económicamente existe, se gana mucho menos. Allá no hay salarios en los equipos y te quedan debiendo. No pasa en todos los equipos, los clubes grandes de la capital y San Pedro Sula te pagan al día”.

Junior Lacayo es un joven futbolista que en su país sufrió por el tema económico, pero que estando en México no pierde el piso. No despilfarra su dinero para acudir a lugares caros, en donde podría divertirse y juntarse con la élite del futbol, prefiere seguir ayudando a su familia, pues de él dependen cuatro hermanas menores de edad.

“Tengo cuatro hermanas, yo soy el que manda para pagarle la casa a mi mamá, para sustentar el alimento y por eso estoy acá. El futbol me encanta, pero también por la plata”. En voz preocupada Junior prefiere dividir su salario y mandar quizá la mayor para su familia que radica en Honduras, aunque en este momento no la pasé muy bien deportivamente en la Jaiba.

En el presente torneo tan solo ha podido disputar 26 minutos y tiene que competir por la titularidad contra el puñado de refuerzos que llegaron para evitar el descenso: Daniel “Hachita” Ludueña, Oscar “Serpiente” Fernández, Alberto “Guamerucito” García, Jesús “Churpias” Moreno, Omar “Pina” Arellano y Marco Granados.

El juvenil centroamericano aprovecha para desmentir una nota del diario La Prensa de Honduras, en donde argumentan que Lacayo tuvo que vender zapatos y baleadas en la localidad de Sambo Creeke para ayudar a su mamá con los gastos de la casa.

La entrevista nunca existió, incluso lo confronté y le dije que estaba dañando mi currícula. La situación nunca estuvo tan mal para llegar a ese extremo, no sé qué tenía ese reportero en mi contra”, explica Junior.

La rivalidad que Honduras presenta en cada juego contra México es algo más que futbol, en el país centroamericano es llamado un “clásico” y un partido que no se puede perder. Pero el tema tiene mucho que ver con lo que pasa cada que un migrante atraviesa México para cumplir el sueño americano en Estados Unidos. Secuestros, extorsiones, violaciones, robo y muertes. Todo generado por la delincuencia organizada que opera desde la frontera con Chiapas y todo su paso por nuestro país. Es un tema que genera una rivalidad dentro del terrenos de juego, el futbol es ocupado como una forma de reconfortar todos los temas sociales que pasan entre México y Honduras.

“Es como cuando ustedes juegan con Estados Unidos, cuando juega contra Honduras es un clásico, es un partido que no se puede perder, en donde defendemos a muerte la patria. Tiene mucho que ver la cuestión migratoria, tantos migrantes que pasan por aquí (México) y que también viven aquí, yo tengo varios amigos hondureños en Torreón y es un tema social que también agranda la rivalidad deportiva”.

Aunque con risa y un poco con pena reconoce que cualquier futbolista con buen nivel que juega en Honduras quisiera jugar en México, la liga es muy competitiva. Pero también afirma que el futbol en su país es una mafia, los entrenadores no están preparados, no hay ideas, el tema de los salarios es complicado. El acomodo de jugadores, arreglo de papeles, los intermediarios y personas lucran con futbolistas que van surgiendo”.

Honduras es un país que ha calificado de forma consecutiva a dos mundiales de futbol, pero que no está exenta de la mafia que termina por afectar el desarrollo de su país y aunque la rivalidad es grande ante México los futbolistas hondureños voltean para buscar un lugar en el futbol mexicano, algo que les ayude a mejorar y obtener un mejor salario que por ahora su país no les puede ofrecer.

En Concacaf el país catracho es un firme representante que puede presumir de tener quizá la tercera liga más importante de la confederación después de México y Estados Unidos, pero que pierde terreno ante lo que comienza a hacer Costa Rica. Mientras Lacayo exhorta a la afición: “confíen en mí, yo vine a representar a mi país y estoy convencido que algunos años podré estar en primera división”.

 

 

 

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