“Es difícil encontrar las palabras para explicar cómo me siento en este momento. Estoy decepcionado. Me abstendré de decir nada más hasta que tenga claro lo que ha sucedido. En mi mente, el 29 de julio competí y perdí. Pensé que Jon Jones fue mejor que yo ese día. Ahora no sé qué pensar. No puedo creer que estemos pasando por esto otra vez. Veremos lo que sucede. Gracias a todos mis fans por apoyarme. Los quiero mucho a todos”, fueron las primeras declaraciones de Daniel Cormier sobre el posible dopaje de Jon Jones tras su pelea del UFC 214 donde DC perdió su cinturón de campeón semicompleto.

Estamos presenciando el fin de la carrera de uno de los peleadores más talentosos (si no es el más) que ha pisado el octágono. De confirmarse su positivo por la USADA, a Jon Jones se le quitará su fajín de campeón y enfrentará un castigo de hasta 4 años en el deporte, poniendo fin, prácticamente, a su historia en el UFC y posiblemente en la jaula.

 

Nadie puede desacreditar el talento de Bones Jones, quien se convirtió en el campeón más jóven en la historia del UFC y posee la mayor cantidad de defensas exitosas en la división con ocho. Sin embargo y a pesar de que estaremos diciendo adiós a un hombre explosivo y agresivo sobre la jaula, la más grande víctima de su posible dopaje y del que poco se habla es de su último rival, Daniel Cormier.

 

El currículum de DC en el deporte es impecable, seleccionado olímpico por los Estados Unidos en Atenas 2004, donde quedó en la cuarta posición, y en Beijing 2008 (aunque no participó), además de campeón de peso completo tras el Strikeforce Heavyweight Grand Prix de 2012, además de poseer el cinturón semicompleto del UFC en dos ocasiones.

Si una persona busca el récord de Cormier en las artes marciales mixtas (19-2) solo puede encontrar dos manchas rojas con un mismo nombre a un lado: Jon Jones. Bones no solo ha manchado su historia, sino que salpicó la de DC.

Daniel podrá ser un peleador que no guste al público de ocasión en el deporte por su gran uso de la lucha, no podrá ser el mejor “trash talker” de la compañía ni mucho menos vender muchos souvenirs, pero su ética de trabajo lo llevó a dominar dos categorías de peso diferentes en dos de las empresas más importantes en la historia de la MMA.

Nunca tuvo rival hasta que se encontró con Jon Jones, quien en 2015 lo venció por decisión unánime dentro del UFC 182, lo dejó “plantado” por dopaje en el UFC 200 y hace apenas un mes lo volvió a vencer por nocaut dentro del UFC 214.

En espera de la sentencia que se le dé a Jones, Daniel Cormier recuperaría su cinturón y volvería a ser el monarca de las 205 libras en la empresa, pero la sombra de ambas derrotas enmarcadas con sospechas de dopaje siempre lo acompañarán.

¿Lo venció por estar dopado?, ¿independientemente de esto, Jon Jones es mejor que DC?, ¿qué hubiera pasado de estar “limpio”?, ¿Cormier es el campeón indiscutido a pesar de caer en dos ocasiones ante Bones?. Estas son preguntas que acompañarán las previas de sus próximos combates y, sin duda alguna, en su cabeza siempre rondará la idea de que nunca pudo vencer a Jon dentro de la jaula, sea como sea.

Jones no solo arruinó su carrera con estos problemas, ha arruinado la impecable vida deportiva de Daniel Cormier quien se merece todos los aplausos.