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#Futbol

Maradona, el más mundano de los futbolistas


Nunca vi en vivo jugar a Maradona, pero aun así el astro me deslumbró. Diego es dios y demonio, villano y héroe, protagonista y antagonista. El Pelusa es la máxima figura del futbol mundial en toda la historia.

Maradona se retiró del futbol en 1997, a los 37 años. Yo nací en 1990; conocí al Barrilete Cósmico en boca de otras personas: “En el Mundial de 1994, al terminar el partido de Argentina vs. Nigeria, Diego salió de la mano de una enfermera”. El niño culpable que sabe que va directo a recibir un castigo pero que camina con una sonrisa para aparentar ante sus compañeros.

Los ídolos se erigen durante una etapa de la infancia en la que estamos ávidos de algo, quién sabe de qué. Pero cuando la figura llega no podemos soltarla. Podría jurar que los ídolos, como el amor, se dan a primera vista. Cuesta trabajo explicar el fanatismo. Cuesta trabajo defender a Maradona.

Un póster pegado en la pared, una docena de pulseras atadas en ambos brazos y la infalible primera cuenta de correo electrónico. Si quieren saber de quién era o es fan una persona pregúntele su cuenta de correo de la adolescencia. La mía era otto_pelusa_10.

Los villanos. Suelo simpatizar más con los malos de la película. Con los que se atreven a hacer lo que otros no. Pelé o Maradona: la simbiosis del futbol mundial. Maradona, siempre Maradona. ¿Por qué?, no sé.

Diego, el jugador que recibió un Testarossa de la mafia. Que confesó haber probado las drogas a los 22 años y dentro del futbol. Porque, como él lo dijo, en todos lados hay, y muchos más futbolistas las han consumido.

El que anotó un gol con la mano en unos cuartos de final de Copa del Mundo. Corrió y festejó. El más grande de los tramposos. Fue capaz de enmendar un engaño gigante con el gol más bello. “Hagan quilombo”, les gritó Diego a sus compañeros que se percataron de la ilegalidad. ¿Quién no ha hecho trampa para ganar?

Años después, 2005, durante un episodio de su programa La noche del 10 confesó que la Mano de Dios había sido con la mano. Todos lo sabíamos, pero Diego lo aceptó 19 años después.

Diego Armando Maradona jamás ha querido ser ejemplo de nadie, incluso ha pedido que lo dejen vivir su vida. El sólo es modelo para sus hijas. Ahí radica su responsabilidad.

No hay motivos para admirar al más humano de los futbolistas. Ese que viaja, convertido en tinta, en brazos, piernas, espalda a través de todo el mundo. “Por qué adorarlo si es un drogadicto”, la descalificación fácil. Seguramente millones de personas estamos equivocadas.

Maradona, el que bailaba en los calentamientos, es aquel que dijo que en su infancia sentía la misma felicidad al comer que al patear una pelota. Ese que como entrenador desacreditó a Alemania y después recibió cuatro goles.

Maradona no es un dios. Diego es el niño que nunca se volvió jugador profesional; el joven que deslumbrado por el dinero probó las drogas; el hombre que pudo ser un ejemplo pero decidió no serlo.

Diego es el futbolista más humano de este planeta.

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Otto Zuloaga

Veterinario frustrado; periodista por diversión y entusiasta del futbol argentino. @otto_zuloaga