Después del ring, sólo se vive de la nostalgia

Lo que en un principio pareció ser una venta de pequeños muñecos de juguete, en su interior fue un túnel que nos teletransportó a 20 años atrás. Al terminar el...

Lo que en un principio pareció ser una venta de pequeños muñecos de juguete, en su interior fue un túnel que nos teletransportó a 20 años atrás. Al terminar el pasillo se observaba una pantalla que reflejaba la presentación de Gronda, un luchador que sufrió de múltiples fracturas en una de sus rodillas y que por ahora nos recuerda una de sus actuaciones el hexágono de la triple AAA.

El resto fue nostalgia, el salón ubicado en Ponciano Arriaga 20, a un costado del Monumento a la Revolución. Se inundó de mesas en donde se ofertaban distintas máscaras de luchadores consagrados y olvidados por las grandes empresas, pero no por la afición. En el lugar había más personas mayores que jóvenes, entre ellos un padre intentando que su hijo se tomara una foto con Mini Sangre Chicana.

“A 20 pesos la foto, te la firmo y nos tomamos una foto”, esa era la gran oferta de As Charro, si, aquel luchador que hizo famosa la “patada charra” en los años 80,  se postraba sentado y ofreciendo algo que en su pasado pareciera increíble. Ahora el ex campeón de peso completo presume de saber rehabilitación física.

“La verdad es que la venta va mejor que el año pasado, para nosotros es muy bueno que la gente nos siga recordando y nosotros desde aquí podemos seguir dando consejos a jóvenes que apenas comienzan en esto”. Mini Sangre Chicana.

Muchos ex deportistas que brillaron en el pancracio ahora viven del recuerdo, la mayoría vendiendo fotos y máscaras a aquellos niños que hoy ya son adultos. La tripleta ruda conocida como “Los Payasos” estuvo engalanada con la presencia de Coco Rojo, Coco Amarillo y Coco Azul, los dos últimos pasaron desapercibidos por la afición más joven, incluso por momentos su mesa lució sin público.

Algunos intentaban llamar a la clientela a sus puestos, pasando de los encordados a mostrar sus mejores dotes de vendedores. El Hijo del Coco Azul caminaba en su pasillo para intentar convencer a alguna persona de visitar su puesto, incluso ofrecía mejorar los precios si estabas interesado en algún producto. Así es la vida fuera del ring, en donde pasas de los aplausos del público a intentar vender un playera para llevar algo de dinero, la lucha libre deja muy buenos recuerdos, pero fuera de ella se sufre.

Los productos tuvieron distintos costos, las playeras en 100 pesos, la máscara de 200 pesos, tazas en 50 pesos, llaveros 30 pesos y las fotos con celular 10 pesos. Algunos otros como el oficial Rafa “El Maya” prefieren enamorar al público, contar anécdotas y la afición lo aplaude. Más de 30 años en la lucha libre lo avalan, junto a sus playeras la gente se reúne para escuchar una más de las historias, la mejor cuando sufrió un infarto y se vio fuera de la lucha o aún mejor cuando quedó fuera del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL).

Los luchadores intentan sobrevivir al legado de sus máscaras y su nombre, la venta de sus productos es la mejor forma de seguir en el medio. Para los aficionados que los vieron brillar una oportunidad extraordinario de acercarse a sus ídolos, al ser humano que por un tiempo fue su héroe.