Tristemente, Cruz Azul y Atlante se hicieron chiquitos en el Estadio Azul

Los días del Estadio Azul están contados, inmueble que vio a los grandes como Cruz Azul y Atlante hacerse chiquitos y vivió de nostalgia.

Quizá es uno de los inmuebles con mayor espíritu nostálgico en el país, sede de diversos eventos que van desde juegos de la NFL, hasta la presencia de los mejores futbolistas de la historia. Sin embargo, el Estadio Azul siempre quedará marcado por ser el hogar de dos clubes que apagaron su grandeza y que fueron unos fantasmas en Liga MX dentro del coloso de la Nápoles.

Será el 2 de julio cuando comience la demolición del Estadio Azul y la Máquina se mude nuevamente al Estadio Azteca. Así, este bello testigo de la historia de nuestro futbol se despedirá con una cuenta pendiente, el título de Liga.

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BELLEZA CONTRASTADA CON LÁGRIMAS

Entrar al Estadio Azul es caminar por un túnel del tiempo que nos remonta a tiempos más románticos del futbol, ese en el cuál la familia asistía para ver a los artistas del balompié entre porras y antojitos, una época donde las barras no existían.

Cuando se escucha hablar a alguien sobre este inmueble, sus características principales salen a relucir: “Es un estadio viejo, pero se ve muy bien de cualquier lado”. Y es que desde los cielos también se aprecia su belleza cuando uno llega a la Ciudad de México vía aérea, ese momento en que el avión pasa sobre el inmueble es mágico y sus vivos colores azul y verde son contrastados con el sepia de la Monumental Plaza de Toros México.

Entre merengues, vasos de cueritos y cerveza vivir el futbol en el Azul es toda una experiencia de la pureza del futbol. Muchos aficionados hacen filas desde temprana hora con sus familias mientras se pintan los rostros de celeste y presumen sus playeras con los nombres de las leyendas que jugaron en esta joya de estadio.

Dentro de él y teniendo como testigo los edificios de la Benito Juárez, los atardeceres son una postal bellísima para quienes lo visitan. Quizá este estadio es tan bello estructuralmente para compensar las tragedias que se viven dentro del rectángulo de juego.

A pocos meses de su próxima desaparición, el estadio no ha perdido se espíritu como firme estructura hambrienta de grandeza, aunque sus tribunas se fueron congelando con el paso de las temporadas. Ni Atlante, ni Cruz Azul, le hicieron justicia a su monumento.

La panorámica aérea del Estadio Azul le daba la bienvenida a los visitantes de la CDMX.

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NACIDO PARA EL FOOTBALL, MUERTO PARA EL FUTBOL

La construcción se inauguró el 6 de octubre de 1946 bajo el nombre de Estadio Olímpico de la Ciudad de los Deportes, donde los primeros en pisar su campo fueron los Pumas de la UNAM y los Aguiluchos del Heroico Colegio Militar en un partido de futbol americano.

Unas décadas después la misma NFL hizo los honores en este inmueble con su primer visita a nuestro país. Los New Orleans Saints y los ahora campeones del Super Bowl, Philadelphia Eagles jugaron en 1978 en el campo que fue diseñado para la práctica de este deporte.  

El futbol (o soccer dirían los hermanos gringos) también tomó el protagonismo del estadio. En 1983 el Atlante, un equipo de mucha tradición en la capital del país, lo tomó como su casa y hasta le cambio el nombre a el Estadio Azulgrana.

Los Potros de Hierro ya tenían su historia en el Coso de Insurgentes, fue su hogar por 10 años de 1947 a 1957, donde incluso y por azares del destino firmó su primer título con un empate a cero goles con el León, esto tras cambiarse la sede del juego por una epidemia de fiebre aftosa que afectó al estado de Guanajuato.

Su única gloria de liga estuvo contagiada con el Campeón de la Fiebre Aftosa. 

Los aficionados azulgranas abandonaron al Estadio tras varios años.

De ahí en fuera, el Atlante disputó varias liguillas e incluso alcanzó una final, sin embargo nunca la disputó ahí, pues en 1993 decidió que sería mejor jugar frente al Monterrey en el Estadio Azteca para comodidad de los aficionados y levantando la corona en la Sultana del Norte. 

El grana no funcionó, pero el estadio probaría ahora con el Azul en solitario. La Máquina Celeste del Cruz Azul lo tomó como su casa en 1996 y desde entonces es una relación de amor-odio.

La presencia cementera provocó que fuera nuevamente bautizado como Estadio Azul y ahí encontró su sentencia. Ocho finales perdidas del Cruz Azul y el inmueble sosteniendo las lágrimas de sus aficionados.

Nuevamente cuando probó un poco de gloria fue teniendo al León de antagonista. Si, el Cruz Azul se coronó en el Invierno de 1997, pero levantó el trofeo en el Camp Nou en territorio del Bajío Mexicano. 

El destino de la Máquina estaba escrito, su hogar no permitiría que las manos de sus jugadores salieran con el oro en las manos. Cruz Azul “acabó con su maldición” siendo campeón de Copa MX en el Clausura 2013, pero lo hizo en el Andrés Quintana Roo, nueva casa del Atlante.

También la Máquina se coronó en la Concachampions de 2014 frente a los Diablos Rojos del Toluca, nuevamente a cientos de kilómetros de su casa levantó el metal. El Estadio Nemesio Díez fue el testigo.

Cruz Azul tiene una última oportunidad de despedir con grandeza a la que fue su casa desde 1996.

Un Estadio que recibió a figuras como Lionel Messi, Ronaldinho y hasta el mismo Diego Armando Maradona no probó el éxito en más de siete décadas, incluso con el Necaxa y América que momentáneamente lo usó como su sede.

Atlante y Cruz Azul, que en su momento fueron equipo protagonistas de nuestro futbol se hicieron enanos, su grandeza fue haciéndose más chiquita. Los Potros emprendieron la huida al Estadio Azteca y después al Caribe mexicano donde su historia pasó a las páginas de relleno de los periódicos en el olvido del Ascenso MX.

Cruz Azul comenzará su fuga ahora, el próximo torneo lo llevará a cabo en el Coloso de Santa Úrsula en espera de la construcción de su nueva casa. Son seis duelos los que le quedan dentro de la Liga MX, con la esperanza de avanzar a una liguilla y una muy poco probable final para darle una despedida digna a un coso al que le debe mucho.

El Estadio Azul nunca vio a sus celestes campeones, pero por casi 22 años soportó las burlas, los insultos, las lágrimas y las decepciones de muchos aficionados ante un amor poco correspondido por su equipo. Este inmueble fue mucha pieza para los equipos que jugaron ahí, nadie pudo dominarlo y hacerlo suyo, ahora se despedirá como un abuelo en el olvido, mismo al que sus hijos lo abandonaron a su suerte sin muestras de cariño.

Solo nos quedará a todos los nostálgicos esas postales de futbol puro, ese que no necesito de títulos para sentir este deporte que tanto amamos.