El ajedrez se convirtió en un juego de playboys y agitadores políticos

Nueva York es la capital mundial de los espectáculos más impresionantes y las tendencias más innovadoras. Sin embargo, por unas horas la Gran Manzana toma una sobriedad inusual y su...

Nueva York es la capital mundial de los espectáculos más impresionantes y las tendencias más innovadoras. Sin embargo, por unas horas la Gran Manzana toma una sobriedad inusual y su máximo evento se encierra tras las paredes de la Torre Sur del WTC. Dentro, dos acólitos del conocimiento se enfrentan al máximo reto, mientras una introspectiva audiencia analiza cada movimiento dentro de una diminuta habitación. Otrora un arte de reyes, hoy el ajedrez escribe una nueva historia: Garry Kasparov retuvo su título mundial frente a Viswanathan Anand. El año es 1995.

Más de 20 años después, el deporte ciencia vuelve a tomar las calles de la ciudad que nunca duerme para presentarnos el World Chess Championship. Pero el tiempo ha hecho estragos en el mundo y las cosas ya no son como antes. El impotente WTC ya sólo habita en la memoria de los neoyorquinos y el “show” se ha trasladado cuatro cuadras adelante, al cuarto piso del Fulton Marketing Building. Dentro de él, la juventud ha tomado presencia y los protagonistas distan mucho de la grisura de sus antecesores.

En una esquina, un joven pensativo ocupa la silla mayor. Pulcro como pocos, despide un aura de carisma tan poco usual en el ajedrez que su sola presencia rompe con toda la escena. Su nombre es Magnus Carlsen, tiene 25 años y desde los ocho ya era reconocido por su talento en el tablero. También ha hecho anuncios para Porsche, la marca de ropa G-Star y es una gran estrella en su natal Noruega, en donde sus encuentros son televisados en cadena nacional. Popular con las mujeres y con un claro entrenamiento en el manejo de su imagen, es lo más cercano que el deporte tiene a un rockstar.

Por el otro lado, una cara apuesta pero seria se hunde en la cima de un saco oscuro que contrasta inevitablemente con la palidez de su piel. Sergey Karjakin es un año mayor que Carlsen y ganó su derecho a retarlo conquistando el Candidates Tournament en Moscú. The Guardian explica que Sergey nació en Ucrania, pero se convirtió en Grand Master a los 12 años en Rusia, donde adoptó la nacionalidad. Está casado y tiene un hijo, abiertamente comparte su apoyo por Vladimir Putin y fue el primero en aplaudir la invasión a Crimea.

Karjakin es un jugador clásico, por lo que su fuerte es la resiliencia; Carlsen, por su parte, es conocido por su adaptabilidad. La intriga no se ha hecho esperar y rumores de que Magnus contrató los servicios de Microsoft para protegerse de un ataque de espionaje de Segey han circulado la competencia desde el inicio. Los duelos han sido cerrados y muchos empates se han acumulado, pero la confianza desmedida de Carlsen parecen haber cantado la victoria desde el comienzo.

Aunque aún no se declara un ganador, los rostros modernos del ajedrez mundial se reflejan como contrarios dentro y fuera del tablero, con una rivalidad tan dramática que parece la trama principal de una serie de la BBC. Sin embargo, de acuerdo con números de The Guardian, el ajedrez jamás había caído más lejos del ojo público y ninguna personalidad explosiva o introspectiva parece hacer la diferencia.

 

Por Axel Salas.

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